miércoles, 22 de febrero de 2017

EDITORIAL / Villa, el farsante

La Justicia asturiana acaba de dictaminar que José Ángel Fernández Villa, el exlider del SOMA, es un farsante que utiliza triquiñuelas para eludir su comparecencia en los tribunales –lo que siempre desconocieron las instituciones, aunque lo sabía media región.

Ha dicho la Audiencia Provincial que el exminero debe comparecer para explicar su fortuna (sospechosa de ser resultado de un enriquecimiento ilícito, del que le acusa hasta su antiguo sindicato)... y debe hacerlo enseguida, pese a que la fecha aún no se ha marcado.

Dijo del de Tuilla este medio hace meses: "En él, su capacidad para mentir es tan consustancial como el latir de su corazón; no en vano, construyó su figura sobre la base de mentiras e infamias: nunca pudo trabajar porque decía tener varias hernias (que él llamaba "ciscales" cuando si las tuviera de verdad habría leído que son 'discales'... de los discos que hay entre las vértebras); no acudía a la Junta General del Principado porque afirmaba estar en el Senado y faltaba a esa Cámara porque aseguraba estar en Asturias... mientras en realidad dormía en Los Alcázares de Murcia; participaba en los Consejos de Hunosa y filtraba al salir las decisiones de la hullera, traicionándola..."

El problema con Villa ahora es por sus dineros, de los que declaró a Hacienda 1,6 millones de euros al amparo de la amnistía fiscal de Cristóbal Montoro; pero sucede que la sociedad y los que mandan hoy en Asturias crecieron a sus pechos, de donde se deduce que el problema de la región es mayor que el de tener en su seno a un caradura.

Ya lo dijo 'Astures': "Lo peor de lo que está pasando con Villa, sus dineros y su capacidad para mentir no es lo que le pueda ocurrir al personaje; sino lo que implica para esta tierra, en la que sus últimos años no son otra cosa que cartón piedra. Lo del SOMA está en un tris de confirmarlo"... Una catástrofe, vaya.

A los treinta años de la muerte de 'Zeca' Afonso

Por Francisco R. Pastoriza

“Grândola, vila morena terra da fraternidade,
o povo é quem mais ordena dentro de ti, ó cidade”


Medianoche del 24 al 25 de abril de 1974. Un grupo de oficiales del ejército portugués había preparado en secreto un levantamiento contra el régimen dictatorial de Marcelo Caetano, quien mantenía el poder en Portugal desde que seis años antes sustituyera a Atonio de Oliveira Salazar, fundador de la dictadura en 1926.

Las señales para iniciar las movilizaciones eran la emisión a través de Rádio Renascença de dos canciones. La primera, “E depois do adeus”, de Paulo de Carvalho, se había radiado a las 23.55 horas del 24 de abril, y los militares que tenían que poner en marcha la revolución esperaban con inquietud la señal definitiva para iniciar las movilizaciones: la emisión por la misma emisora de una canción prohibida por la censura del régimen, “Grândola vila morena”, del cantautor José Afonso.

A las 00.25 horas del 25 de abril sonó en la radio la esperada canción y los acordes de “Grândola vila morena” pusieron en marcha una insurrección pacífica, la “Revolución de los claveles”, que acabó con casi cincuenta años de una dictadura de puño de hierro que regentó vidas y haciendas en Portugal y sus colonias a lo largo de una gran parte del siglo XX.

“Grandola vila morena”, que se convertiría en símbolo de la revolución y la democracia portuguesas, había sido compuesta por un cantautor portugués, José Afonso, en honor a Grândola, una pequeña villa del Municipio de Setúbal en la región del Alentejo. José Afonso jamás se imaginó ni lejanamente la trascendencia y el alcance ya no solo musical sino social que tendrían aquellos sobrios versos vestidos con notas y armonías igual de sencillas.

José ‘Zeca’ Afonso
José Manuel Cerqueira Afonso dos Santos nació en la localidad portuguesa de Aveiro en agosto de 1929 aunque a los tres años se fue a vivir a Angola, colonia portuguesa por ese entonces, y en la que su padre José Nepomuceno Afonso ejercía como juez. De allí la influencia africana en algunas de las cadencias y sonoridades de su obra posterior.

Su actividad musical comienza en su época de estudiante en la Facultad de Letras de la Universidad de Coimbra y posteriormente, ya graduado, ejerce una activa década de pluriempleos que no le alcanzan para mantener a su familia, desde músico en el Orfeón de la Universidad hasta profesor itinerante de colegios y clases particulares a todo lo largo y ancho de la geografía lusitana, pasando por corrector del 'Diario de Coimbra'. En 1967 fue expulsado del sistema de enseñanza por sus actividades antisalazaristas. A partir de ahí y hasta su muerte su vida fue una continua lucha por la sobrevivencia.

La obra de un cantautor honesto
La primera grabación de José ‘Zeca’Afonso fue “Baladas de Coimbra”, en 1958, y a partir de ahí realiza una serie de 14 discos excepcionales que quedarán en el acervo musical lusitano.

Especialmente destacables son 'Cantigas do Maio', del 71, disco de referencia para toda la nueva música popular portuguesa y en donde aparece por primera vez 'Grandola vila morena', y 'Com as minhas tamanquinhas', del 76. Tímido y frágil, su voz fue única por su timbre y sonoridad y una afinación exacta y precisa.

Y aun así nunca le agradaron lo más mínimo las luces de los escenarios. Para Afonso, tener que cantar ante un público era como tener que sacarse un diente. “Nunca canto por gusto” decía y es que Zeca, más que intérprete era un creador y un docente.

Y como muchos artistas y creadores, nunca se preocupó del aspecto comercial de su arte. Por eso cuando a mediados de los 80 contrae una extraña enfermedad llamada esclerosis amiotrófica mejor conocida como enfermedad de Lou Gehrig, en referencia al beisbolista americano de los años 30 que también la sufriera, y a medida que la dolencia va acabando con su salud y con su vida, Afonso también fue hundiéndose en la ruina económica hasta terminar en una pobreza extrema cercana a una indigencia por demás indigna de su talento y relevancia.

Como escribió alguien alguna vez, Afonso murió pobre porque nunca pactó con el sentido común, con la comercialidad, con el poder, con lo fácil y gratuito. Él mismo decía: “salvo excepciones somos un país de cantineros y de vendedores, que vendieron en las Áfricas, en Brasil, en Extremo Oriente… Ahora somos un país de pequeños comerciantes y estamos a vendernos los unos a los otros”.

José Afonso nunca aceptó venderse ni vender a nadie y además de ser el renovador de la música portuguesa fue la voz de los que no tenían voz, fue el más humilde de los humildes, fue el alma de las víctimas de la injusticia y la iniquidad. En un homenaje que le hicieron en Braga en 1984 dijo “Importa mantener la capacidad de indignación y seremos capaces de rechazar la hipocresía de quienes detentan el poder”.

Murió el 23 de febrero de 1987 y fue enterrado con su ataúd envuelto en una simple bandera roja. No necesitaba de símbolos externos: el símbolo era él. Para muchos aún lo sigue siendo.

Taxi y lucha de clases en Cuba

Por Frank García Hernández

Desde primeros de febrero (2017) los taxistas habaneros boicotean el tráfico  de la capital tras una medida estatal que, de manera hasta ahora infructuosa, ha tratado de beneficiar a las grandes mayorías.

La misma mañana que el Gobierno Provincial de La Habana intentó regular a favor de la población los precios de los taxis, tomé uno desde Marianao hasta Cerro y Boyeros. El chofer, cada vez que alguien se montaba decía: buenos días, cubano; y soltaba su repertorio de quejas.

Buenos días, cubano. Nunca había visto tan bien empleado el nacionalismo como arma contra la lucha de clases y la solidaridad entre los trabajadores. Ser cubano desde la óptica de aquel hombre era unirse contra su enemigo: el Estado.

Recordemos, el mismo Estado socialista que había tomado una medida en beneficio de las mayorías. Y es que aquel chofer defendía sus intereses de clase: los intereses de una egoísta y emergente clase media, refugiada en el universo del novorriquismo de bodega.

Los propietarios de los cafés, bares y restaurantes, debido a otra extracción social, casi siempre mantienen una postura matizada por la izquierda y el proyecto social colectivo. Pero los taxistas, y de forma más acentuada, los dueños de las flotillas de taxis a quienes sus contratados le deben tributar mil pesos cubanos diarios por auto, no. Ellos intentan monopolizar –sin detenerse en el beneficio común–, el transporte en la capital. Y lucrar con ello. Que es lo que hacen. Y si no lo logran, paralizan el tráfico.

Antes de la medida gubernamental, la situación no era insostenible, pero lo cierto es que se debía intervenir en ella. Como mismo se necesita hoy una nueva revolucionaria Reforma Urbana que desinfle la invivible burbuja inmobiliaria. Sin embargo, el Gobierno Provincial ha cometido un gran error: subvertir el contrato social que existía en el imaginario colectivo desde hacía años.

Se ha rebajado a la mitad los precios estipulados y no hay nadie que lo regule. En su diario transporte los choferes hablan con una ciudadanía agotada y han logrado que esta se coloque, de a poco, a su favor ¿con cuál representante del gobierno habla en su cotidianidad el habanero en medio de este pleito? Con ninguno. Así el burgués ha ido ganando la batalla.

Los taxistas se intentan lucrar con el transporte y si no lo consiguen, paralizan el tráfico.

Los taxistas han creado un caos en las paradas y una respuesta inmediata no se visibiliza. De los 360 000pasajeros al día que movilizaban, deben estar transportando casi la mitad, pues buena parte de los carros no salen a la calle y los que circulan en vez de cumplir la ley, han duplicado el pasaje.

Y con todo esto sucediendo, un reportaje del 'Canal Habana' trasmitido el viernes pasado, 10 de febrero de 2017, en el Noticiero Nacional de Televisión a las ocho de la noche y al mediodía siguiente, era tan compasivo con los taxistas al punto de decir que solo unos pocos no habían contemplado la ley del Gobierno Provincial.

Los taxistas, que en su mayoría no son propietarios de los carros que manejan –lo común son las flotillas de dos a cinco autos que tributan por conductor mil pesos diarios a un dueño que descansa en su casa–, han desatado un lock out que solo tuvo precedente en julio de 2016.

La historia de aquel incidente, relacionada con la crisis de julio, Venezuela y los taxis nuestros de cada día es necesaria para comprender lo que ocurre hoy.

Remontémonos a diciembre finales del 2015. Entonces muchos cubanos no contábamos con la continuidad de Nicolás Maduro en el cargo de presidente: había que ser muy ingenuo para asumir que el PSUV soportaría el embate del referéndum revocatorio.

A fines de junio, cuando le pregunté, casi de forma retórica, a un venezolano chavista, por los resultados del plebiscito donde se pondría a disposición el puesto presidencial, me contestó que solo si Miraflores llenaba los anaqueles de comida se ganaba esa vez.

Y los cubanos sabemos que una revolución no se hace ni sostiene desde la comodidad.

El 1 de julio se adoptó en Cuba un paquete de medidas económicas que parecían ser el preludio de un nuevo Período Especial. La explicación dada era ingenua: el petróleo había caído en el mercado ¿desde cuándo hemos sido exportadores de petróleo?

Pero Venezuela, nuestro principal abastecedor energético, sí es exportador. Y ello había generado la gran crisis económica que conducía a Maduro, parecía, hacia el fin de su administración socialista.

Entre las limitaciones estipuladas entonces, se recortó la asignación de combustible a los centros de trabajo del país. En consecuencia, el costo del petróleo en la bolsa negra aumentó de ocho a quince pesos cubanos y con ello, el costo del pasaje.

La reacción fue la misma que hoy: un lock out. Los dueños de las flotillas las retiraron de la calle.

Esto es solo la punta gélida del iceberg. Si se desploma Venezuela viviremos un nuevo período de crisis con un actor social que no existía en 1991: los pequeños y medianos propietarios. Si Venezuela cae, ellos, los petits bourgeois, darán una demostración de fuerza mayor de lo que han hecho estos días los taxistas: para ello no nos prepararon los manuales soviéticos.

Y es que durante años se repitió, de manera anti dialéctica, que no existía lucha de clases en Cuba, ni había clases en Cuba, porque el socialismo se había alcanzado. Hoy los trabajadores se movilizarán ante otras situaciones, pero ante sus enemigos de clases: los burgueses, no. Antes bien, los consideran hombres y mujeres que con mucho esfuerzo han logrado su casita y su negocito. Sin fijarse en que quienes trabajan para ellos son explotados, sin fijarse en que los precios que imponen en el mercado son corrosivos al bolsillo de un trabajador cubano.

La solución consiste en movilizar de forma gratuita todo el transporte estatal y amenazar con quebrarle el negocio al sector privado.

Para más, quien en su mayoría hace uso de los también llamados boteros, es el sector clasemediero en ascenso que tiende por naturaleza de clase identificarse más con los choferes, y por ello pagan el precio que pide el transportista privado. Así, no solo crean más inflación, sino que se comportan como verdaderos esquiroles.

No los podemos abolir, ni los debemos abolir como en 1968: las clases se extinguirán como resultado de la lucha de clases y con ellas el Estado. Pero sí debemos saber cómo tratar con ellas.

El Estado socialista cubano no ha sabido manejar la situación actual creada por los taxis. Ni los inspectores se sienten, y el transporte es un horror.

El Gobierno Provincial, si lo desea, puede hacerle quebrar el espinazo al boicot clasista y contrarrevolucionario que hoy se vive en la calle. No es meter preso a nadie, es jugarle a ellos donde más les duele: el bolsillo.

Movilicen camiones, ómnibus, todo el transporte para el pueblo trabajador. Cuando los taxistas vean la fuerza del Estado socialista, tendrán que respetarlo, de lo contrario, la ley ni se acatará ni se cumplirá. Que esta pelea no termine siendo un precedente en favor de los poderosos.

martes, 21 de febrero de 2017

EDITORIAL / Soria

El entonces ministro José Manuel Soria –que a media España le recuerda a Aznar desde que éste se quitó el bigote– mintió cuando dijo haberse pagado su estancia en un hotel de la República Dominicana. Lo acaba de decir un tribunal en respuesta a la querella del canario contra dos periodistas, que dijeron que estuvo allí 'de babero'.

A 'Astures' le satisface sobremanera la sentencia porque arropa al colega Ignacio Escolar, del que podría decirse que es 'astur' desde la cuna, ya que su padre comparte con este medio sus planteamientos profesionales; y además respalda la difusión de la verdad contra el uso de la mentira.

De Soria se dijo aquí casi un año lo siguiente: "El ministro canario del Gobierno en funciones, ese tal José Manuel Soria, es, probablemente, muchas cosas, pero hay una que es fijo: mentiroso. Ya que ha dicho que no sabe nada de sus sociedades en Panamá y ha sido hasta secretario del Consejo de Administración en, al menos, una de ellas. Y puede que mucho más en otras..."

También se dijo –sin que sirviera para nada, lamentablemente– esto: "El tal ministro Soria es el último personaje de un partido popular en el que la corrupción es una forma de ser. Y es el penúltimo alto cargo cuya ejecutoria le deja más cerca de la delincuencia que del comportamiento común."

Por suerte, la Justicia ha puesto a cada uno en su lugar: a Escolar, entre los hombres de honor; y a Soria con los caraduras.

A propósito de 'caranchoa'

Por Carlos Miguélez

La libertad de expresión no ampara las humillaciones, una forma de agresión, sobre todo porque añade escarnio al agravio cuando se dirigen contra personas con poca capacidad para defenderse.

Un joven se acerca a un repartidor para preguntarle por una dirección y, cuando éste le da algunas indicaciones, le dice: “pero vamos a ver, caranchoa…”. El lenguaje corporal del repartidor se asemeja de pronto al de un depredador a punto de atacar, pero el casi adolescente de apariencia escuálida trata de calmarlo con una sonrisa y con la afirmación de que se trata de una broma, de que hay una cámara. Pero el repartidor le suelta un manotazo seco en la cara después de un segundo “caranchoa”, casi imperceptible.

En cuestión de horas ha recibido miles de visitas el video del Youtuber Mr. Granbomba, como se conocía a este joven que, hasta el incidente de “caranchoa”, dedicaba su tiempo a grabarse mientras hace este tipo de bromas. En otro video, afuera del hospital con su parte de lesiones, asegura ante sus seguidores virtuales que va a denunciar al agresor.

El incidente generó debate entre quienes argumentaban que merecía ese bofetón y quienes sostenían que el repartidor había ido demasiado lejos, que nada justifica una agresión física ni ningún tipo de violencia.

Ante la proliferación de “graciosos” por Internet que suben estos videos, tendrá relevancia la jurisprudencia que sienten las decisiones de los juzgados en casos como éste. Se pueden producir agresiones como respuesta, aunque muchas de las “bromas” que infligen se pueden considerar también agresiones, incluso de mayor gravedad por la indefensión de muchas de las víctimas a las que usan esos Youtubers para “cubrirse de gloria” con miles de visitas.

Así fue el caso de un repartidor de pizzas al que un Youtuber recibió con gas pimienta en los ojos o el de una persona sin hogar al que le dieron unas galletas rellenas de pasta de dientes.

Cabe preguntarse qué pasaría si el repartidor, en un comprensible arrebato de ira, respondiera con violencia, o si alguien indignado por presenciar la escena de la persona sin hogar increpara al gracioso, la escena subiera de tono y se produjera alguna agresión.

La libertad de expresión no ampara las humillaciones, una forma de agresión, sobre todo porque añade escarnio al agravio cuando se dirigen contra personas con poca capacidad para defenderse.

Escudarse en esa supuesta libertad contribuye a normalizar las agresiones que padecen las personas más débiles de nuestra sociedad. Hablamos de las personas sin hogar, de inmigrantes sin papeles, de personas con discapacidad o con alguna enfermedad mental o incluso de personas mayores desorientadas y con cualquier tipo de dolencias.

Un 42% de las personas encuestadas en el último Recuento de Personas sin Hogar en Madrid asegura haber sido víctima de alguna agresión, denunciada sólo en un 42 % de los casos. Los delitos de odio no sólo están motivados por motivos “raciales”, pues no todas las víctimas provienen de otros países, hablan otros idiomas o tienen un tono oscuro en el color de la piel.

Se llega a hablar de aporofobia, de agresiones que surgen como producto de un desprecio a la persona que no tiene, al pobre, en sociedades que han deificado la riqueza material y la fama por encima de todo.

Muchas legislaciones no cuentan con suficiente desarrollo para resolver el agravante que supone agredir a personas vulnerables. Pero la respuesta tampoco está sólo en endurecer leyes que, muchas veces, ya son rígidas y excesivas de por sí. Se trata de darles mayor entidad a las víctimas más vulnerables ante ciertas agresiones.

Las noticias se empiezan a hacer eco de los insultos, de los golpes y de las humillaciones, pero los medios de comunicación aún pueden hacer más a la hora de generar debates públicos de calidad que impliquen a los padres y a las instituciones que tienen la responsabilidad de educar a niños y jóvenes. Esto puede frenar la normalización de actitudes preocupantes en un ambiente político que criminaliza cada vez más al inmigrante, al pobre, a la persona que sufre algún tipo de adicción.

Se trata de que los agresores se sientan menos amparados por su entorno para realizar este tipo de humillaciones. Se sentirán cada vez más solos en Facebook y en Twitter cuando perciban la soledad de no recibir un “me gusta” o de que nadie comparta su lamentable publicación.

Informar entre criminales

Por Ileana Alamilla

Guatemala, junto a El Salvador, Honduras y México están entre los diez países más violentos del mundo, según entidades internacionales. Vivir en medio de criminales es una anormalidad. Estamos, valga la contradicción, presos en libertad. No sabemos en qué momento estaremos colocados en el lugar inadecuado. Y para las personas que viven en las llamadas “zonas rojas” o quienes desempeñan oficios de alto riesgo, como los pilotos y los ayudantes de camionetas, víctimas de los extorsionistas, esta vulnerabilidad es exponencial.

Las y los periodistas estamos expuestos a esos riesgos. Trabajamos con información y análisis que afecta directamente al crimen organizado y a la narcoactividad, pero también a funcionarios corruptos, a autoridades coludidas con asesinos y a burócratas inescrupulosos. Nuestro trabajo provoca la ira de aquellos a quienes afecta que se conozcan los ilícitos que cometen.

Hablo del periodismo como una profesión y a los y las periodistas y comunicadores como los intermediarios profesionales entre la realidad que observan y aquellos a quienes dirigen su trabajo. No me estoy refiriendo a lo que se hace circular de manera anónima, lo que se difunde en las redes sociales sin fuente confiable ni autoría reconocida que muchas veces resulta falso, daña la honorabilidad de las personas, estimula reacciones dañinas y busca generar estados de opinión con intereses espurios. Eso no es periodismo.

Debido a los peligros que enfrentan los periodistas y comunicadores sociales, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha hecho reiteradas recomendaciones a los países para que adopten programas de protección a dichos profesionales. En Guatemala aún estamos esperando que el presidente honre su palabra cuando avaló la propuesta que le presentamos y que, debido a la consabida burocracia, falta de interés y de voluntad del aparato estatal, a nueve meses de asumido este compromiso, no hay modo de que inicie el proceso de su construcción.

De enero del 2003 a octubre del 2016, el Observatorio de los Periodistas de Cerigua reportó 741 violaciones a la libertad de expresión y libertad de prensa. Entre 2015 y 2016, más de 20 hechos fueron en contra de mujeres periodistas y aclaramos que hay un subregistro, debido a que no son presentadas las denuncias por diversas razones.

Teniendo conciencia de la importancia de las alianzas nacionales, más de 16 asociaciones y cámaras de periodistas, locutores y comunicadores nos unimos en Guatemala en un hecho histórico. No hablamos de nuestras diferencias, vimos los intereses de nuestros agremiados y hemos avanzado en la construcción de confianza.

Pero dimos un paso más que ha sido elogiado y ampliamente reconocido a nivel internacional. Las asociaciones de periodistas de El Salvador y Guatemala, APES y APG, respectivamente, emitieron un informe integrado, en el que analizan la situación que enfrentaron los trabajadores de la información durante el 2016, en sus respectivos países.

El documento hace ver la creciente situación de riesgo que registra el ejercicio periodístico en El Salvador, enmarcada en agresiones que terminan hasta con la vida de periodistas, lo que ha obligado a directivos, editores y reporteros a modificar sus rutinas de trabajo y abordar su profesión bajo nuevas estrategias.

Guatemala enfrentó durante el último año uno de los períodos más violentos en contra de la prensa, período en el cual fueron asesinados nueve comunicadores en ocho departamentos y cuatro más fueron víctimas de atentados. Este año dos comunicadores perdieron la vida de forma violenta.

La APES y la APG concluyeron que esta es la primera entrega de un esfuerzo conjunto e inédito.

lunes, 20 de febrero de 2017

EDITORIAL / Pensiones

Dice el ministro de Economía que no se subirá la edad de jubilación más allá de los 67 años, en respuesta al gobernador del Banco de España, que afirmó que habría que estudiar la medida para garantizar la viabilidad del sistema. Pero la credibilidad del Gobierno es tal que ya hay quien teme que la ampliación se haga pronto (como Rajoy subió los impuestos, pese a anunciar que iba a bajarlos).

Antes de discutir si es preciso retrasar la jubilación, conviene preguntarse qué hace Linde pensando en las pensiones en vez de ocuparse de los bancos (eso ya lo hacía Fernández Ordóñez y ahora está en los juzgados por la salida a bolsa de Bankia).

Es importante recordar que la pensión es un derecho para el que todo trabajador deposita dinero durante su vida en activo; aunque también hay que reconocer que el sistema nació cuando la vida media duraba menos años que ahora, así que se cobraba durante poco tiempo hasta de la muerte, que ahora llega tras décadas de retiro en muchos casos.

En todo caso, Mariano Rajoy hará lo que le venga bien y poca gente podrá quejarse porque fue apoyado electoralmente hace un año largo y ratificado por el PSOE hace meses... así que cada palo deberá aguantar su vela.