Una muerte digna

Por Victoria Toro

Para empezar, una declaración de principios: no me gusta el proselitismo, de ningún tipo. Me molesta que me quieran convencer para que me asocie a cualquier grupo religioso, político o de lo que sea. Y además cuando observo que alguien lo hace conmigo recelo tanto de la persona como del grupo en el que quiere que yo entre.
He hecho esta introducción para explicar mi indignación por algo que está ocurriendo en Estados Unidos estos días. Una mujer de 29 años que se llama Brittany Maynard hizo pública hace unos pocos días su intención de suicidarse el próximo 1 de noviembre. Su historia es absolutamente trágica. En enero, a Brittany la descubrieron un tumor cerebral con mal pronóstico
Los médicos le dieron entre 3 y 10 años de vida. La operaron poco después pero en abril el tumor volvió a aparecer y esta vez mucho más agresivo. El nuevo pronóstico le dio a Brittany unos pocos meses de vida. Y además de una vida difícil. La joven sufre fuertes dolores, olvida las palabras y necesita asistencia las 24 horas del día. Y sus síntomas solo empeorarán mientras ella se acerca a su muerte.
Hace unos meses Brittany tomó la decisión de mudarse junto con su marido. Ella vivía en el estado de California en el que el suicidio asistido es ilegal. Brittany se fue a vivir a Oregón dónde, al igual que en otros siete estados de EE UU, la asistencia al suicidio sí es legal. Allí, su médico le dio hace unos días un cóctel de medicamentos para morir sin sufrimiento. Y Brittany ha anunciado que lo tomará el día 1 de diciembre.
La joven encabeza una campaña que pide que el suicidio asistido se apruebe en todo el país. “No quiero morir, -ha dicho Brittany- pero el hecho es que eso va a ocurrir”. Y ha explicado que sobre todo no quiere morir en las condiciones en las que lo haría si la naturaleza de su enfermedad sigue su curso. Yo le agradezco a esta valiente mujer que emplee algunas de sus últimas fuerzas en conseguir un derecho para el resto de las personas. Me sobrecoge su generosidad.
Y como a mí a otros muchos, pero no a todos. Hay también muchas personas en Estados Unidos que están muy enfadadas con Brittany. Escriben y hablan estos días sobre la muerte de Brittany y aseguran que será “indigna”. Son las personas que se oponen a la eutanasia y al suicidio asistido.
Lo que hacen esas personas es proselitismo. Quieren impedir que yo tenga una muerte digna. Quieren mantenerme entre los vivos incluso si yo no lo deseo, a mí y a todos. Quieren que sufra una agonía, que tenga dolores, que me sienta humillada. Y no lo entiendo, si ellos están tan felices así, pues que lo disfruten. Brittany no quiere imponerles nada a ellos, esta mujer valiente no quiere que nadie se suicide. Pero ellos sí quieren imponerle algo a ella, quieren que pase una agonía.

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