¡Bravo! por el papa Francisco

Por Francisco Jiménez

El agnosticismo actual del periodista no es óbice para dejar de reconocer que la Iglesia Católica pareciera haber encontrado a uno de sus mejores pastores en la figura del popularmente conocido como papa Francisco, el hasta hace poco cardenal argentino Jorge María Bergoglio.
Papa Francisco
Papa Francisco
Sin duda ha sido la figura del año por dos hechos que pasarán a la Historia, con mayúsculas, cuando se estudie el devenir de esta importante creencia, que es también, y a la vez, un Estado minúsculo, sí, pero poderosísimo en el más amplio sentido de la palabra.
El primero de ellos es que ha hecho frente desde el primer momento a una pedofilia latente en algunos ámbitos de la Iglesia Católica, por mucho que los tonsurados lo nieguen. Así ha sido a lo largo del tiempo, y pruebas sobradas ahí de ello. Los que nos hemos educado en internados religiosos (sobre todo si eran orfanatos) sabemos mucho de estas cosas. Dentro de esta Iglesia Católica actual hemos tenido los casos dados en España hace pocos meses, sobre los que se intentaba –desde dentro- correr un tupido velo y, como siempre, lavar los trapos sucios en casa, “rezando a la Virgen” como recomendación para salir del paso. Frente a este sinsentido, el papa Francisco ha tomado directamente cartas en el asunto, cortando por lo sano y llamando a las cosas por su nombre, que falta le hacía a una Iglesia en decadencia y una feligresía descarriada.
De esta manera Bergolio ha situado al Vaticano en el Siglo XXI, que es donde debe estar. Atrás quedan muchos otros Papas y muchas otras cosas que forman parte de su existencia. He seguido la trayectoria de los últimos, desde Pío XII, y no encuentro parangón con lo que está llevando a cabo Francisco en su poco tiempo de pontificado. Pío XII tuvo una difícil relación (por llamarla de alguna manera) con el III Reich de Hitler y el Estado fascista de Mussolini; es cierto que salvó a muchos judíos, pero sus líneas oscuras se pierden en el tiempo. Juan XXIII, el “buen Papa Juan”, como se le conocía, sacó a la Iglesia Católica de la Edad Media en que se encontraba en pleno Siglo XX con el Concilio Vaticano II y el oficio de los actos religiosos en la lengua vernáculo de cada cual. Juan Pablo I solo duró en la silla de Pedro 33 días, por lo que se decía jocosamente que “no llegó a cobrar la paga del mes”. Juan Pablo II fue, además de eso, el cardenal Karol Wojtyla quien junto con el sindicalista Lech Walesa y el sindicato Solidaridad dio jaque mate al comunismo en Polonia. Benedicto XVI, o cardenal Joseph Ratzinger fue como buen alemán un hombre cultísimo, cerebro en la sombra de otro papa, que ha sabido retirarse a tiempo, una prueba más de de la inteligencia que le arropa. Pero no hay que ocultar que su pontificado estuvo salpicado de escándalos de pedofilia principalmente en Estados Unidos e Irlanda, tapada con muchos millones de dólares, sello en estos casos de la casa vaticana.
El segundo de los hechos por los que el Papa Francisco pasará a la Historia es que ha sido capaz de romper el hielo entre dos países, Estados Unidos y Cuba, en un espeso glaciar que ya duraba 53 años. Una cuba bloqueada económicamente desde que Fidel Castro y sus barbudos entraran en La Habana, y que ha sido capaz de resistir el envite. El propio presidente norteamericana Obama ha reconocido que ese bloqueo de 53 años no ha servido, y ahora, a la altura de nuestro tiempo, ambos países inician una relación que se promete ventajosa para los dos con el intercambio de presos, relaciones comerciales, circulación de ciudadanos entre ambos países y posibles embajadas.
Ello ha sido posible, en gran medida, gracias a la soterrada diplomacia vaticana, famosa por otra parte en las cancillerías a lo largo del tiempo, y donde el papa Francisco ha tenido en esta ocasión la primera y última palabra, moviendo los hilos para que esa nave encallada durante tanto tiempo llegara a buen puerto, como es el entendimiento entre dos pueblos que hasta hace poco se daban la espalda. No sabemos si la revista Time le dedicará la portada como hombre del año, pero lo que sí es cierto es que el deshielo entre dos pueblos, gracias a su intersección, comienza a dar sus frutos.

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