Carta al rey Felipe VI tras su viaje a Arabia Saudí

Por Iván Alonso


Estimado señor:

Porque conozco las relaciones diplomáticas y la compleja red de intereses comerciales por las que todos estamos atados puedo entender que es inexcusable su presencia en Arabia Saudí tras el fallecimiento de su monarca. Soy consciente de que desde la gasolina del autobús que lleva a algunos a una manifestación republicana hasta la bolsa de plástico en la que guardar una publicación antisistema dependen para su producción de un precio razonable del petróleo y, por tanto, de llevarse bien con los países que lo producen para que no nos impongan embargos que pagaríamos todos muy caro.

Sin embargo, hay maneras muy sutiles de ejercer el arte de la diplomacia que seguro usted conoce muy bien en estos casos. Desde enviar embajadores a ministros y secretarios de Estado ante pútridos dictadores a los que no queda más remedio que saludar en nombre de España. Todos tenemos que tragarnos amistades, conocidos y familiares que despreciamos. Es imposible vivir una vida realista en inmaculada pureza. Todos somos, de alguna manera, cómplices de algo o de alguien.

A pesar de que, bien educados, desde la prensa nunca llamamos al monarca saudí dictador, es sin duda una dictadura el sistema feudal que preside.

Señor, en Arabia Saudí no es que no exista la división de poderes, es que ni siquiera existen los partidos políticos y todo el poder pende de un único déspota con decisión de vida y muerte sobre sus súbditos.

En Arabia Saudí puedes ser condenado a la pena capital por casi cualquier transgresión para su orden teocrático: por tener otras creencias religiosas, por tener otras opciones sexuales, por discrepar de la férula del dictador. Ahora mismo un joven valiente que abrió un blog para decir lo que pensaba ha sido condenado a 1.000 latigazos. Los primeros 50 le han llevado a un hospital. Se teme por su vida.

En Arabia Saudí las mujeres pueden ser denunciadas por su violador, no tienen ningún derecho (incluso el de conducir) y viven prácticamente reducidas a la condición de esclavas sexuales en los serrallos.

En Arabia Saudí un buen cristiano como usted sería perseguido solo si se supiera que tiene esta fe, aunque no la haga pública. Nadie que no sea musulmán sunni wahabista puede abrir un centro religioso. Ni hablar ya de escuelas que no sean madrasas, donde se enseña una visión integrista del islam, la misma de la que se alimentan ideológicamente los grupos yihadistas de todo el mundo. Sauditas eran algunos de los asesinos del 11-S y en templos subvencionados por el monarca saudí han cultivado su odio por todo lo que representamos terroristas como los que asesinaron a los valientes dibujantes de 'Charlie Hebdo'.

Sé que ejercer la jefatura del Estado no es facil. Que al igual que el fútbol o los toros parece siempre mucho más sencillo a salvo desde el tendido, pero creo humildemente que se ha equivocado y me ha decepcionado.

Espero que en el futuro haya posibilidad de enmendar estas políticas y que algún país sea el primero en denunciar el sufrimiento del pueblo saudí, tomando para atajarlo las medidas que sean necesarias. Sería maravilloso que fuera España y que fuera a través de su persona que llegara la esperanza a los que latigados, excluidos, violadas, amenazados o caminos de la horca esperan un gesto de fuera para que suene la hora de su libertad.

Hágase usted merecedor de aquellas palabras que el poeta Pepe Hierro dedicó a su padre después del golpe de Estado del 23-F en la primera entrega de los premios Príncipe de Asturias: "no ha permitido a la tiranía dar un paso más allá". Use, como rogó en la ultima entrega la militante por los derechos humanos Caddy Adzuba, el gran poder internacional de España para estar con los que sufren el terror, y con los que solo aspiran a llevar una vida libre.

No esperamos menos. Un saludo.

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