Por la libertad de expresión; contra el oscurantismo y el terror

Por Julio Feo

Cinco días después del crimen, que esta vez fue en París, que no en Granada,  sigo llorando lágrimas de profunda emoción por los amigos de Charlie Hebdo, pero la masiva  marcha republicana de este domingo 11 de enero es como un inmenso alivio, un atisbo de esperanza. Los supervivientes de su redacción, sus familiares y amigos, no se han sentido solos esta vez, como cuando en el pasado integristas  islamistas, católicos o judios intentaban hacerles callar, sin éxito, ante los tribunales. 

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Los que compartimos el corrosivo y libre humor de Charlie Hebdo y de sus magníficos caricaturistas, preferimos como ellos morir de risa, que vivir de rodillas.  En Paris  un millon y medio, y en  diversas ciudades de provincias dos millones y medio, en total  cuatro millones de personas en las calles, sin banderas partidarias, con  muchas pancartas pequeñas que han dejado libre curso a la emoción y a la imaginación. Hombres, mujeres de  diferentes  confesiones religiosas, ateos y agnósticos reunidos, familias enteras, abuelos, padres, hijos y nietos han expresado en la calle su solidaridad y su emoción, pero sobretodo su inquebrantable  determinación de  defender la libertad de expresión.

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Los que han asesinado a  los dibujantes y redactores de Charlie Hebdo se han equivocado burdamente. Creían intimidar, provocar el terror y hacer callar a un puñado de dibujantes y  periodistas, y han provocado en realidad una gigantesca  reacción de resistencia ciudadana y humana. La presencia de familias con niños en esta manifestación es de una importancia capital, pues mas allá de la concreta respuesta al terrorismo que exige garantizar la seguridad de los ciudadanos, este crimen cometido por tres islamistas nacidos en Francia, plantea hoy una cuestión crucial en materia de educación nacional y de defensa de los valores universales y laicos de la República francesa.

Los dibujos, caricaturas y mensajes  repletos de emoción llueven de todas partes, nacerán entre las generaciones venideras nuevos talentos, tan críticos y tan generosos como los que acaban de ser asesinados. El miércoles 14 de enero, Charlie Hebdo estará en los quioscos de todo el país, con una tirada especial de un millón de ejemplares. No habrá en ese número histórico ninguna necrología, una excelente decisión de su equipo directivo, pues los  dibujantes y periodistas de Charlie siguen vivos. Presentes en nuestra memoria y en nuestra  resistencia.

Paradojas de una histórica manifestación unitaria

Burdo y abyecto error de los autores de ese cobarde crimen que han provocado así la mas paradojica marcha unitaria de todos los tiempos. Desde la liberación de París en 1944, no se había visto aquí una  movilización popular de tal envergadura.   Un delicioso instante de fraternidad y de libertad.

La igualdad sin embargo no podemos decir que estaba verdaderamente ahí, en la medida que la presencia de  cincuenta jefes de Estado –algunos de los cuales no tienen apego alguno a la libertad de expresión- en torno al presidente francés, Francois Hollande, provocó draconianas medidas de seguridad, impidiendo que la marcha “oficial” de los poderosos del planeta, estuviera en contacto con la multitud.

Mas de hora y media tuvo que esperar con paciencia el pueblo de París, para poder iniciar la marcha y manifestar, una vez que los cincuenta jefes de Estado se eclipsaron con sus numerosos guardaespaldas. Una vez terminada la foto de esta especie de G50 contra el terrorismo, empezó entonces la verdadera  manifestación ciudadana, en la que por vez primera manifestantes y policías confraternizaban.

Los gobernantes y políticos  hubieran debido mezclarse con el pueblo, en lugar de  quedarse  media hora y desaparecer. Los ciudadanos que salieron a la calle no tenían miedo, y estoy seguro que hubieran estado bien protegidos por la multitud y por los servicios de seguridad muy visibles a lo largo del trayecto. Esa es la utopía con la que he soñado esta noche.

Es la primera vez que las cifras del número de manifestantes coinciden, según fuentes policiales, y según fuentes ciudadanas o sindicales. Podría ser uno de esos  chistes lúcidos, satíricos  y premonitorios de Charlie Hebdo. Había tanta gente que la Prefectura anunció que paraba de contar.

Si la solidaridad internacional con Francia y contra el terrorismo, de numerosos gobiernos merece ser saludada, no puedo por menos que imaginar los dibujos que Cabu y sus colegas hubieran hechos de todos esos personajes políticos que a menudo  han sido el blanco pacífico de sus sátiras.

Por el derecho de blasfemia, contra el neoliberalismo económico !Abajo la muerte!

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Charlie Hebdo sigue vivo ahora y siempre, su alma, su espiritu de resistencia, su sátira iconoclasta, su lucha constante por la libertad de expresión van a seguir apuntando con sus lápices. Cerca de donde me encontraba en medio de esa multitud una pancarta decía en español: “Abajo la muerte”, como en una  alusión o respuesta a aquel hoy lejano grito de “Viva la muerte” de los fascistas españoles en el 36. Banderas  de todos los paises han sido enarboladas en la manifesatción, y entre ellas la de Palestina e Israel, símbolos de esa necesaria fraternidad contra el terrorismo.

Viendo la libertad de expresión súbitamente defendida masivamente por tan variopinto personal político que reclama medidas draconianas contra el terrorismo, no puedo sino reivindicar aquí las ideas de Charlie Hebdo, ese semanario que Jean Marie Le Pen califica de “anarco trotskista”, y que en realidad no es sino un semanario libre y laico contra el oscurantismo en todas sus formas.

Bernard Maris, uno de los redactores asesinados de Charlie Hebdo, era un  reputado y atípico economista de izquierdas, abiertamente opuesto a la sopa boba que nos sirven cada día los telediarios del planeta. Con Charlie Hebdo reivindicó pues su lucha contra los que nos preconizan “medidas de austeridad” –para nosotros, que no para ellos- como única salida posible a “la crisis”.

Los amigos de Charlie Hebdo, reivindicamos el derecho a la blasfemia. ¿Por qué los ateos debemos soportar a los religiosos, y por qué estos no serían capaces de soportarnos? Como decia un humorista: Que aprendan a dibujar y a escribir! Muchos citan hoy a Voltaire y tienen razón: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”. Eso es Charlie Hebdo,  enemigo irrecuperable del oscurantismo religioso, del fascismo y de la miseria de los pueblos que provoca el neoliberalismo económico.

La lucha necesaria contra el terrorismo, no debe en todo caso conducir en Francia, como fue el caso en los Estados Unidos, a un plan “Patriot act” que limite la libertad de expresión y las libertades democráticas y republicanas. Una tentación que se anuncia ya en la polémica política en Francia. La  prevención y la represión  de los asesinos es tan necesaria como la lucha contra el neofascismo que se esconde  detrás de la islamofobia.

La guerra abierta contra esos integristas anclados en la Edad Media -la lucha contra el tráfico de armas es una prioridad!-, tendremos que ganarla no solo con un arsenal legislativo adecuado, sino sobre todo con la educación, la cultura y la defensa de la República laica y de los derechos humanos, contra ese terrorismo interior.

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Como decía una pancarta en esta marcha republicana: “Soy Malala, soy Kobani, soy los estudiantes de Peshawar, soy los Alevis de Sivas, soy manifestante de Tiananmen, soy palestino de Sabra y Chatila, soy protestante de la Saint Barthelemy, soy residente de Auschwitz, soy los Banu Qurayzahs, soy las víctimas de Boko Haran. Yo soy Charlie”.

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