El arte de dudar

Por Iván Alonso

El otro día al entrar en una biblioteca pública de Oviedo encontré destacado en un atril, –"lectura enmarcada", lo llaman–, el premio Goncourt 2011, 'El arte francés de la guerra', de Alexis Jenni, un gran libro sobre las múltiples guerras en las que el Gobierno francés se embarcó durante el siglo XX; una bofetada contundente en el rostro de políticos, militaristas, financieros; de los que alientan una guerra, cualquier tipo de guerra, para mantener o aumentar su base de poder y sus beneficios. Una puñalada en el corazón a los intereses que genera la carnicería humana.

Obviamente, el libro cuestiona que vivamos en el mejor de los mundos posibles. Nos invita a mirar alrededor con ojos críticos. A cuestionar los discursos que emanan del poder. A pensar que, de hecho, igual vivimos en el peor, que vamos de a mano con los tiranos, que caminamos junto a la negra caballería frente a los inocentes desarmamdos. Nunca se sabe. El mal es vano y estúpido, y todos estamos dispuestos a ejercerlo a cambio de casi nada: dinero, seguridad, un plazo de la hipoteca más pagado.

Pero es esa duda que se genera precisamente mi única esperanza. Me pregunto qué libertad tienen ciudadanos de otros países para entrar en una biblioteca pública (es decir, mantenidos sus fondos y los sueldos de los trabajadores por el Estado) y encontrar libros que pongan como chupa dómine a sus dirigentes, sistemas políticos, económicos o, mencionemos la bicha, religiosos. ¿Alguien se imagina acaso que en las bibliotecas de Marruecos, de Yakarta, de La Habana, de Riad (en realidad no sé si existen bibliotecas públicas en Riad) o de Corea del Norte hay libros que duden?, ¿que arremetan de frente contra el poder establecido en esos países?, ¿que cuestionen sus dogmas, valores, creencias y formas de vida?, ¿que digan abiertamente que pueden vivir en el peor de los mundos o que, bueno, nunca se sabe?

Por el contrario, lo saben todo y no tienen fisuras ideológicas. Toda dictadura ordena escribir al dictado, esconde y persigue los libros peligrosos. Yo me agarro a esa duda y a ese libro incendiario, necesario y valiente destacado en una biblioteca pública de mi barrio de Ciudad Naranco para confirmar que no sé si vivo en el mejor de los mundos posibles (No lo creo. Hay injusticias y arbitrios por aquí sin cuento); pero que sí me doy cuenta, y agradezco, ser uno de esos raros privilegiados que vive en un lugar y en un tiempo histórico en el que cuestionar la realidad no está perseguido. ¿Alguien me ofrece algo mejor en ese campo?

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