El mariquita

Por Enrique Centén

Un hetero cuando habla de la homosexualidad nunca sabe como iniciar la conversación sin molestar a ese grupo muchas veces marginado. Otros hipócritamente dicen admitir y respetar la orientación sexual de las personas, lo hacen de cara a la galería, realmente la mayoría los repudian como si fuesen apestados evitando en todo momento estar en su entorno, los tratan de forma muy superficial pareciéndose al tiempo en que viven, individualista y pragmático, llamándolos gay (alegre en inglés)) una manera refinada de ocultar su hipocresía.

Actitud basada en la ignorancia porque no conocen sus pensamientos, costumbres, gustos e inquietudes, ni como se relacionan con la gente que les rodean, si observamos con los ojos del corazón vemos su continua búsqueda de cariño en todas sus manifestaciones, buscan con esperanza el amor, encontrándolo solo a ráfagas en su largo camino en su soledad callada.

Donde únicamente he visto que la población los tratan de forma más directa sin miedo a su condición y tratándolos como personas que son, es en Andalucía, conquistadora de sus conquistadores, donde convivieron todas las culturas y como en un crisol se fertilizaron unas a otras procreando hasta llegar a convertirse en un faro deslumbrante de tolerancia, así la describió Antonio Gala, mariquita ilustre e ilustrado en su obra “El manuscrito carmesí”.

Los andaluces utilizan el término mariquita de forma cariñosa, sin ánimo de ofender, su actitud irónica es fruto de despojarse de toda idea preconcebida y adquiridas acríticamente en búsqueda de la verdad desde la ignorancia, porque allí los homosexuales son más abiertos y naturales en su forma de vida, más aceptados entre el pueblo llano que entre las clases pudientes o de ciertos estamentos donde existen, ocultos, el pueblo llano siempre inteligente a esos les llaman maricones de forma despectiva por su comportamiento lascivo que raya en la delincuencia o la pederastia por la ocultación de su condición, un ejemplo actual lo tenemos con el clan de “los romanones” en Granada.

Me apoyo en mis afirmaciones por lo vivido en Ceuta con mi bisabuela, “María la chica”, era la abuela del Patio Castillo en la c/ Amargura 6, siempre recuerdo su último cumpleaños, el patio la homenajeaba cada año con una fiesta organizada por la familia de los Borrego a la que asistían los vecinos, dos de ellos mariquitas, uno con hijas mayores, incluso en ese último homenaje y espectáculo participó “el golosina”, conocido según mi madre, tampoco faltó Juanito el practicante, mariquita que pinchaba a todo el patio y barriada, sin molestar a nadie, nunca. Siempre recordaré aquella fiesta, a los pocos días falleció mi bisabuela.

El título de este artículo viene a colación porque en el resto de España a la utilización del término mariquita no le dan el mismo significado, lo hacen en sentido peyorativo, yo tampoco lo utilizo fuera de Andalucía porque no comprenderían que lo hago con el mayor respeto hacia mis admirados y algunos amigos por su fortaleza de llevar con dignidad su condición cuando el resto lo sabe, desde el respeto que he tenido a todos ellos necesitaba escribir este artículo y rendir un homenaje especial a mi mariquita preferido, Javier, mi primo, quien abandonó este mundo un 18 de octubre de hace diez y seis meses.

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