Hacia la unión energética de Cañete

Por Santiago Herrero

Durante los últimos veinte años, la Unión Europea ha aparecido ante nuestros ojos como algo parecido a la salvaguardia de la democracia en el continente ante los embates del sistema capitalista, traducidos en la impunidad manifiesta de las atrocidades cometidas por la gran industria (incluida muy especialmente la banca) y en el descaro con el que los líderes políticos han introducido Caballos de Troya en los sistemas democráticos europeos.

Estos ataques a la democracia los han protagonizado tanto los políticos de la derecha pura y dura (Chirac, Sarkozy, Barroso, Merkel o Cameron) como los de la llamada “tercera vía” socialdemócrata (no sólo el criminal de guerra Blair sino también Schroeder, Prodi o Zapatero).

La ampliación descontrolada de la UE a 24 países (luego 26 y ahora 27) contribuyó a reducir el papel de las instituciones realmente europeas (Comisión y Parlamento), a mayor gloria de los clásicos mecanismos intergubernamentales. Así empezó a gobernarse la Unión Monetaria y, por extensión, así empezó Merkel a chantajear a los socios europeos más débiles para eliminar la legislación europea que no conviniese a quienes la mantienen en el cargo (la gran industria y la banca alemanas). Puede verse al respecto lo sucedido con la última “no-directiva” sobre contaminación automóvil, en el limbo de los justos por voluntad de los grandes fabricantes germanos, o la retirada del “paquete sobre reciclaje” para reformularlo a partir de cero a la medida de las empresas teutonas.

Cuando ese sistemático saqueo a nuestros patrimonios al que hemos convenido en llamar crisis apareció en el horizonte, aún creíamos en la posibilidad de que las instituciones de la UE nos defendiesen. Pero la Comisión europea de Barroso aceptó encantada el papel decidido por Merkel. Pasó de ser el guardián de los Tratados a miembro del equipo de polis malos diseñado para acabar con la soberanía nacional y la democracia en Irlanda, Portugal, Grecia… o España o Italia si es necesario. Equipo en el que se sienta con una institución como el FMI, bien conocida por su historial de arruinar países con la complicidad de dirigentes tan demócratas como Pinochet, Videla o Fujimori, y con un Banco Central Europeo, presidido por quien ayudó a sucesivos gobiernos griegos a falsificar sus cuentas cuando era directivo de la mayor empresa especuladora del mundo, Goldman Sacks (la falta de ortografía es voluntaria).

Las nuevas instituciones de la UE, cuyas composiciones han sido decididas por una arrolladora mayoría de gobiernos de extrema derecha (de Cameron a Orban) en el seno de la UE, ya no se molestan en camuflar o en tapar sus propuestas. Todo aquello que quede por saquear en Europa debe ser saqueado. Es conveniente mantener un poco de presión externa para enseñar enemigos exteriores al ciudadano y distraer su atención, la vieja táctica de las dictaduras que se ejemplifica en esta ocasión en el estado Islámico (al que nosotros hemos financiado) y Putin (al que nosotros hemos provocado con nuestra incalificable conducta de injerencia en los asuntos internos de Ucrania ahora hace un año).

Y aquí llegamos al meollo de estas líneas. La unión energética europea es uno de los objetivos básicos de este quinquenio. Ya hemos empezado a ver propaganda sobre las interconexiones, lo único lógico de todo el diseño. Pero nos hablarán muy poco sobre la propuesta (en preparación) de financiación de las eléctricas de toda Europa, siguiendo el modelo español y británico. Preparaos ciudadanos alemanes, italianos o suecos. Olvidad la facturación en función al consumo y las posibilidades reales de elegir una electricidad de origen más limpio. Pagaréis, como nosotros, la capacidad de contaminar aunque no consumáis un solo watio y las renovables desaparecerán del paisaje contable de la política energética. Europa subvencionará carbón y gas mientras pronuncia el discurso de la lucha contra el cambio climático de forma tan vacía e hipócrita como el gobierno de la República Popular China.

Quienes nos preguntábamos a qué iba Cañete a Bruselas, cuál iba a ser su destino manifiesto, hoy lo sabemos. Es la aportación del PP al equipo que dejará nuestro continente como dicen que lo dejaron los hunos hace mil quinientos años. Aunque ese cambio de concepto de pago por energía no sea tan llamativo como la amputación de derechos que supondrá el inevitable tratado de libre comercio con los EEUU, dará a Cañete un lustre “liberal” con el que bruñir su imagen de cacique machista de primera posguerra. Y le dejará imperecederamente retratado para la historia en la foto de familia del equipo de Atila Juncker.

La nueva Edad Media ha comenzado. ¡Vivan las caenas!

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