Cuando llueve

Por Jorge de Quintes

Si usted no vive en Ecuador y escucha las sabatinas que el presidente, Rafael Correa, imparte todas las semanas puede sacar la conclusión (errónea) de que el país latinoamericano es un referente mundial. Es habitual escuchar al mandatario alabar cómo Ecuador es el segundo país del mundo en índices de felicidad, que disfruta del segundo mejor clima del mundo (nunca se ha establecido claramente cuál es el primero), que es un referente en la región y a nivel mundial en el reciclado de plástico y cosas por el estilo (improbable dado que aquí la basura prácticamente no se separa por falta de contenedores apropiados al alcance de la gente). Mucho ruido y pocas nueces.
La realidad, sin embargo, tan tozuda ella, discurre por otros caminos. Hace diez días que comenzó a llover, habitual en esta época del año, y ya se contabilizan más de 20 muertos por esta circunstancia. Con el agravante de que once de las víctimas perecieron enterradas por varios derrumbes de las laderas montañosas en una una de las principales carreteras del país que enlaza a Quito con la Costa.
Las carreteras son otro de los logros que habitualmente ensalza el presidente Correa entre los avances que ha experimentado el país en sus ocho años de mandato. Cierto que se han construido algunas (la semana pasada se inauguraron tres reformadas)  pero a la vista de los resultados de las últimas lluvias habría que poner en duda algunos parámetros de construcción o, más bien, si se trazan las líneas de asfalto mirando poco al entorno por el que va a transcurrir la ruta.
La vía Alóag-Santo Domingo, la de los derrumbes, lleva ya 50 años construida, aunque en los últimos tiempos fue cuando se amplió ya bajo este gobierno. Recorrerla es una auténtica pesadilla. Ahora también será un acto de fe porque cinco de los sepultados por los deslaves se quedarán allí eternamente ante la imposibilidad de recuperar los cuerpos debajo de tremenda montaña de escombros. Se ha decidido declarar camposanto el lugar de la tragedia.
De estas cosas se escucha poco, por no decir nada, en las sabatinas de Correa.

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