El reto de la escritura creativa

Por Mohamed Boundi

Los participantes del debate sobre la valorización de la literatura infantil, celebrado el sábado en el “VII Festival de la lectura para niños de Sharjah” (Emiratos Árabes Unidos: 23 de abril-2 de mayo), consideraban que es necesario valorar todo lo que escribe el niño. Esta actitud  contribuye en la preparación de una futura generación de escritores e incentivar la creatividad de los niños, puesto que la escritura creativa es el género más difícil.

Lo que escribe el niño en su cuaderno, lo que expresa mediante las palabras y lo que transmite merece el apoyo por parte de su entorno para valorar el aspecto creativo en su producción literaria. El deber de los educadores es precisamente apreciar el esfuerzo que desempeña el niño creador. Éste tiene derecho a una atención particular para fomentar su don, asumir su condición de superdotado en la clase y su madurez precoz dentro de la sociedad.

Lo que es cierto es que nuestro mundo padece un déficit de interés por parte de los pedagogos, familiares y responsables de los departamentos educativos hacia la creatividad dentro del mundo de los pequeños. En este caso, la creatividad en la escritura literaria infantil está menos valorada en comparación, por ejemplo, con la atención prestada a los pequeños genios del futbol.

El mérito del debate en el Festival de Sharjah consiste en reclamar una atención particular al niño para desarrollar sus capacidades creativas con el objetivo de preparar nuevas generaciones de escritores y mejorar en el futuro la producción literaria.

Enseñar dentro de la creatividad
Esta preocupación ha sido formulada en términos más claros por la escritora británica, Linda Iris Newbery (nacida el 12 de agosto 1952), especializada de la literatura infantil y miembro de la Sociedad de Autores en el Reino unido. “Cuando decimos que el niño le hace falta un taller, es también nuestro deber preguntarnos si este niño aprende algo en este tipo de actividad”, dice la escritora. Es difícil saber también, cuando el niño escribe, si lo hace como tarea escolar o se divierte y crea cuentos.

“Creo que el sistema pedagógico que insiste sólo en la realización de los deberes escolares no contribuye en la prospección de los talentos ni de la creatividad”, observa la escritora británica. En este contexto, el sistema educativo debe preocuparse del aspecto creativo e incitar al niño a expresarse libremente sin limitarse solo a respetar los deberes exigidos por los profesores. “Debemos dar al niño la oportunidad de escribir, expresar y descubrir sus habilidades que hagan de él un alumno creativo y especial”, sostiene Linda Iris Newbery.

El escritor bahreiní Ibrahim Bashma, ha presentado por su parte los resultados de una experiencia desarrollada en su país en relación con la educación de los niños. Su objetivo es la prospección de los aspectos de creatividad y de la escritura creativa en el mundo de los pequeños genios. Como miembro del grupo que pilota esta experiencia, señala que el aprendizaje y la declamación son los aspectos dominantes en la ecuación pedagógica y educativa. De manera que los niños son atados a este modelo heredado de sus padres que favorece la descripción con palabras sencillas y sin imaginación. Como suelen reproducir lo que memorizan en su casa, los niños son incapaces de elaborar textos creativos e imaginativos cuando se lo piden sin previo aviso. Esta actitud traduce una falta de riqueza en el estilo y de expresión de nuevas ideas.

Crear no es solo escribir
Para el sudanés Haidar Wakihallah, la escritura es sinónimo de creatividad. Como se trata del género más difícil de la creatividad, se considera como habilidad delicada. En general, el hombre creador se caracteriza por la humildad y prefiere pasar desapercibido, observa  Haidar. “Nuestro deber consiste en prospectar a genios literarios e incentivar sus obras. De todos modos, la lectura precede la creatividad puesto que las personas que no leen no son capaces de escribir”, sostiene el escritor sudanés.

Con otros matices, la escritora egipcia Houida Salah, considera que la finalidad de los manuales escolares, sistemas pedagógicos y programas educativos es “el aprendizaje” sin contribuir a la formación de la personalidad del niño. A su parecer, estas herramientas no ayudan al niño a desarrollar sus habilidades y el instinto creativo. Los padres y la escuela se preocupan sobre todo en las notas que pueda conseguir el niño para acceder a la universidad. Además, aparte de los programas emitidos por la radio escolar tradicional, las actividades escolares que permiten desplegar la imaginación son cuasi inexistentes o fueron omitidas en las escuelas en Egipto, lamenta la escritora egipcia.

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