¡Que viene el Papa!

Por Jorge de Quintes

Desde hace unos días, Latinoamérica vibra con la confirmación vaticana de que el Papa visitará a principios de julio Ecuador, Bolivia y Paraguay. La figura de Francisco ha reforzado la imagen de la Iglesia Católica en todo el mundo y más por estas tierras, donde está la mayor cantera de creyentes del planeta. No extraña, pues, que en la conferencia para anunciar la buena noticia, que ya había sido ampliamente difundida por la prensa, ocupase el lugar preferente el presidente de la República de Ecuador, Rafael Correa Delgado. Los políticos tienen esa habilidad para colarse en todos los eventos que puedan darles protagonismo y fotos de portada.

Ecuador es un país laico gobernado por un partido que se autodenomina revolucionario de izquierdas. Eso no impide que el presidente Correa se haya declarado en inumerables ocasiones católico practicante y que sus políticas despidan un tufo de moralidad y enseñanza de valores que no se entendería bien en Europa.

En Ecuador está prohibido totalmente el aborto. Se intentaron hacer excepciones como en el caso de las mujeres discapacitadas que se quedan embarazadas por violación, pero el presidente amenazó a un grupo de asambleístas de su partido que si seguían adelante con sus intenciones de aprobar estas excepciones él dejaría la presidencia, el partido y el país. Claro, abandonaron inmediatamente la idea y algunas fueron sancionadas por esta perturbación de las ideas morales del jefe.

Ecuador es uno de los países con mayor tasa de embarazos de adolescentes. Es frecuente ver en los colegios a niñas de 12 y 13 años en el recreo con una barriguita prominente. Al presidente le ha parecido que las campañas de entrega de preservativos, píldora del día después y esas medidas que se implementan en estos casos incitan todavía más a que el problema se extienda. Ha decidido él mismo hacerse cargo de la política de familia para lo que ha nombrado como directora del plan a una reconocida miembro del Opus Dei que piensa que la mayoría de las adolescentes que practican el acto sexual sufren dolor y sólo tratan de complacer a sus parejas. Resultado, ahora se propugna la abstinencia sexual y se recomienda a las jóvenes que estudien y no piensen en esas cosas.

A veces parece que el realismo mágico que los grandes narradores latinoamericanos pusieron de moda no era tanto fruto de sus fértiles plumas sino un simple reflejo de la realidad plasmado en el papel.

 

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