EDITORIAL / Vacunas

Acabó muriendo el niño catalán no vacunado contra la difteria, lo que tendrá ahora hablando sola a su familia. Pero, más allá del drama doméstico, la sociedad debe sacar conclusiones de este episodio. Porque no vacunar no es sólo una decisión individual, sino colectiva: una familia puede no condenar no sólo a su hijo; sino a todos los que traten con él cuando no vacuna... y eso es un problema de salud pública que –igual– coarta su libertad de decisión.

La segunda enseñanza de este incidente es de carácter ideológico, porque puede que haya posiciones doctrinales que tengan un coste y eso deberían explicarlo al hacer prosélitos; así como hacerse testigo de Jehová significa renunciar a hacer transfusiones de sangre, militar en la 'antivacunación' implica un riesgo... porque la frivolidad del momento da a entender que la pertenencia a ciertas corrientes de opinión no es más que una cuestión estilística que parte de la base de que existe la cobertura sanitaria imprescindible. Y ésta no existe desde el principio de los tiempos, sino que se ganó a través de batallas precisamente ideológicas.

Aunque hay una tercera enseñanza que interesa especialmente a este medio: la cultural. Porque muchas de las personas que militan en la 'antivacunación' son lectores habituales de Internet, donde hay tanta información que es como si no hubiera ninguna; porque ni son iguales los que la emiten ni son iguales los que la reciben... es lo que se llama infoxicación.

Un periodista admirado por 'Astures' se dejó llevar hace años por una terapia milagrosa que prometía el oro y el moro para su hermano sidoso y éste pobre diablo murió meses después. Y desde entonces este grupo profesional odia al aprendiz de brujo que vende pócimas que él mismo no toma.

Pero de gente como ésa han debido de ser víctimas los padres del niño infectado por difteria, que acabó muriendo. ¡Vaya por dios! Lo que hay que esperar es que la bacteria no saliera de su cuerpo...

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