Hay que decirlo

Por Jorge de Quintes

Estoy un poco confuso con tanta celebración trastocada últimamente. Entre las mías y las que en Latinoamérica se festejan en días distintos a los que estaba acostumbrado, ya no sé cuándo es el día del padre, el de la madre o el del reciclado de los tapones de plástico de botellas de medio litro. Para sumarme a ese festival yo también he decidido lanzar aquí un pequeño homenaje a algunas compañeras de profesión.

No descubro nada si digo que las mujeres tienen más dificultades que los hombres en la lucha por el ascenso profesional, en la conciliación de la vida laboral y familiar o en el reconocimiento de sus méritos. En el mundo de la comunicación, donde trabajo hace tantos años, escasean las mujeres en puestos directivos, aunque abundan en las redacciones.

En una trayectoria profesional extensa yo he tenido la suerte de coincidir con muchísimas mujeres más sensatas y competentes que los hombres. Mujeres separadas que tenían que
atender al oficio y a los hijos en el mismo tiempo que yo podía dedicarme en exclusiva a mi trabajo. Ellas son capaces de traer las mejores noticias al periódico, escribirlas mejor que nadie y al mismo tiempo acudir corriendo al colegio porque el niño se había puesto malo o improvisar sobre la marcha una niñera para hacerse cargo de sus pequeños porque el asunto en el que estaban trabajando para el diario se había complicado y había que prolongar unas horas la jornada laboral.

Trabajar en una redacción de noticias diaria tiene una fuerte presión por el limitado tiempo de que dispones. Si al mismo tiempo debes estar pendiente de los hijos, la exigencia se multiplica hasta niveles en muchas ocasiones angustiosas. Siempre me ha maravillado y he envidiado sanamente esa capacidad que tienen ellas para sobrellevarla y buscar un momento para la broma, la charla, la confidencia o el apoyo.

Encarna, Leo, Rosa y tantas otras con las que tenido la suerte de compartir, vaya con esta nota mi admiración y mi pequeño homenaje.

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