La verborrea política del aplauso

Por Andrés Sorel

Los senderos de la política cada vez son más uniformes. Con desagrado contemplamos la escena día a día. Una sala llena de masa. Micrófonos en el estrado. Música envolvente para acompañar el ritual de quienes escenifican la representación. Salen los figurantes aplaudiendo a los congregados, que aplauden igualmente.

No se han pronunciado todavía palabras, pero el guión está trazado de antemano. Se aplauden unos a otros conscientes de que lo que se va a expresar ya ha sido aceptado por los conversos, y éstos aplauden antes de que ellos hablen porque todos conforman el mismo bloque del no pensamiento, de la no diferencia, de las no dudas.

Imaginemos que ellos (Cospedal, Sánchez, Pablo Iglesias...) no aplaudieran, no hablaran, que las palmas dejaran de sonar, que el silencio se extendiera durante minutos por todo el recinto. Imaginemos, de otra manera, que al dirigirse a la tribuna -no como es ritual en los conciertos- la masa público permaneciera en silencio. Que cuando acabaran de interpretar la obra política por todos esperada, el silencio continuase. Y que a continuación, desde todos los ángulos de la sala, comenzaran a formularse preguntas, controversias a lo escuchado o palabras de otra índole, pensamientos propios de los asistentes.

No, no imaginemos nada, la verborrea política es la verborrea del espectáculo esperado. Luego vienen las palabras ya sabidas, monocordes, eslóganes adscritos a los formulismos de lo que se llama partidos, que no son, efectivamente, ni de derechas ni de izquierdas, sino el componente necesario para justificar la democracia que tampoco es democracia.

Y entonces, nos habla Marco Aurelio: "El que no sabe qué es el mundo no sabe donde está. El que no sabe para qué ha nacido, no sabe quién es. El que descuida una sola de estas preguntas, no podría decir que es el mundo ni para qué ha nacido él. ¿Qué te parece el que persigue el ruido de los que aplauden, los cuales no saben dónde están ni quienes son?"

Paro. Trabajo. Normas cristiano-oligárquicas
Se esfuerzan, los de arriba, en dos discursos: uno: todo va mejor, hay más gente que trabaja, llegan más turistas, aumentan los beneficios de la banca y las empresas. El otro discurso: pero es necesario seguir en esta línea, se imponen más sacrificios, que se trabaje más horas, que se congelen los sueldos, incluso se cobre menos salarios, que se pueda despedir con más libertad, antes era la caridad, ahora son los empleos temporales, limitar el tiempo del ocio, recortar los beneficios sociales.

Los de abajo tienen que comprenderlo: sólo mientras los de arriba son más poderosos y fluye en sus empresas y el banco el dinero, se podrá construir esta sociedad del sacrificio necesario para no ir a la ruina. ¿La ruina de quienes? Lo importante es que escuchen los índices bursátiles, el estado de la prima de riesgo, que puedan irse pagando y al tiempo aumentando las deudas a los modernos usureros, los señores que se pasean dando órdenes y amenazando por las grandes instituciones europeas que controlan los Estados para que los de arriba no quiebren y los de abajo acepten, si quieren sobrevivir, los sacrificios que se les exigen. Ya no mueren en las guerras, en los campos de concentración, incluso pueden ver los mismos telefilms, series, y ocupar sus ratos de ocio con los instrumentos que les facilitan y encadenan a la comunicación incomunicadora.

Infierno y Paraíso no es el título de ninguna película. Es la morada para los seres humanos. Infierno de las macrociudades donde penan las víctimas de quienes gozan de los paraísos fiscales o humanos en las rutas del placer solo para ellos abiertas.

Palabras de Herbert Marcuse hace más de 50 años, nos dicen: (¿y qué escribiría hoy en  2015?
"A cambio de las comodidades que enriquecen su vida, los individuos venden no sólo su trabajo, sino también su tiempo libre. La vida mejor es compensada por el control total sobre la vida (…)El individuo paga sacrificando su tiempo, su conciencia, sus sueños; la civilización paga sacrificando sus propias promesas de libertad, justicia y paz para todos(…) De la estructura negativa de la autoconciencia se obtiene la relación entre el amo y el esclavo, la dominación y la servidumbre. Esta relación es la consecuencia de la naturaleza específica de la autoconciencia y la consecuencia de la actitud hacia el otro:
– percepción estética acompañada del placer.
– imaginación, percepción estética, sensualidad.
–un verdadero orden que no sea represivo.
–una nueva forma de civilización.
–la formación estética aboliría la compulsión y colocaría al hombre, tanto moral como físicamente, en la libertad."
En la sociedad de hoy no se convierte solo el ser humano en esclavo. No se pierde solo el tiempo, es decir, la libertad en el encadenamiento al trabajo que ocupa cada vez más horas de su vida. Las cadenas también matan la imaginación, el pensamiento, la belleza, la sensualidad. Pero queda la religión. Sufrir en la Tierra, que los paraísos terrenales son para los esclavistas, a los demás se les prometen los cielos, y como dice Celan “no se yace allí estrecho”.

Pablo Iglesias. Gente. Izquierdas
Se pregunta Alfonso Sastre: ¿Puede existir un socialismo de las multitudes? El 15-M se abrió a los caminos de la política. La sombra del poder es tan alargada como tortuosa y terrible. Y surgen las preguntas en el verano de 2015.
Un peligro, en el lenguaje, seguir la ruta que marca en estos últimos cuatro años, el PP. Sus dirigentes (Cospedal es su ejemplo más visual, un día sí y otro también manifestaba en sus torpes palabras, micrófono a micrófono: “nosotros, el pueblo”, “nosotros, el partido de los trabajadores”)…

En el discurso de Pablo Iglesias y de muchos de los dirigentes de Podemos, al tiempo que renuncian a hablar de izquierdas y derechas, aparece siempre el soniquete de que ellos representan a la gente, son “lagente”, la gente es la que les impulsa a la toma del poder, delega en ellos sus necesidades, porque el día de las votaciones ninguna papeleta aparecerá con el nombre de la gente sino con los que la representan, ellos.

Escribe Adorno: "Decir nosotros queriendo decir yo, es una de las humillaciones más escogidas". Y viene a cuento otra cita de Hannah Arendt que tan bien supo transformar la culpabilidad de los alemanes en 'La banalidad del mal', cuando escribía: "La transformación de las clases en masas y la concomitante eliminación de cualquier solidaridad de grupo eran la condición sine qua non de toda dominación total".

Bobbio afirma: "El deber de los hombres de cultura es sembrar dudas  en vez de recoger certezas… y el intelectual desarrolla su función crítica y no propagandística cuando sabe hablar contra su partido".

El intelectual comprometido debe poner en dificultades ante todo a aquellos con los que se siente comprometido… más allá del deber de entrar en la lucha, el hombre de cultura tiene derecho a no aceptar los términos de la lucha tal como están planteados, a discutirlos, a someterlos a la crítica de la razón… por encima del deber de la  colaboración está el derecho de la investigación. Solo el buen pesimista está en condiciones de actuar con la mente despejada, con la voluntad decidida, con sentimiento de humildad y plena entrega a su deber.

Claro que Norberto Bobbio no buscaba al escribir un escaño ni participar en la falsa democracia perpetuada a través de la injusticia y los partidos al servicio del orden capitalista. Desalojar al fascismo imperante hoy en día en España, exige un lenguaje más simplista y esquemático, pero no debe olvidar que más allá del fin coyuntural ha de establecerse el de un cambio en el ser de las gentes si de verdad se aspira a transformar un día la sociedad.

De ahí, reconocemos, la dificultad de emplear el término de izquierdas cuando en su nombre se han desarrollado actuaciones éticas y morales de plena derecha.

En el lenguaje empezó la creación, el diálogo y se concluyó como vehículo al servicio de la explotación y el crimen. Por eso debe huirse del uso excesivo de frases hechas, de determinados clichés, de metáforas vulgares y de usar y tirar. Búsquense, en lo posible, palabras nuevas y sobre todo no se siga el ejemplo de quienes fueran fascistas o comunistas utilizaron el lenguaje para sojuzgar a los pueblos, es decir, a las gentes.

Frente a los dogmas, y hay momentos en que importa más el silencio que las palabras rituales, las dudas frente a las rotundas afirmaciones -de las que tan ahítos se encuentran quienes piensan y no quieren ser dominados por el uniforme grito ritual-, surge otra reflexión de Adorno"Pensar ya no es otra cosa que estar a cada instante pendiente de si se puede pensar". La derecha continúa existiendo, cada vez con más poder e influencia, pues a la económica se une la que expande la alienación a esa gente que se deja embaucar por los nocivos programas de televisión, por la cultura embrutecedora, y, no se olvide, llena los domingos, millares y millares, los campos de fútbol identificándose con sus “héroes”, dirigentes, entregándose a “su equipo”, perdonando cualquier delito económico, social, moral de sus protagonistas, porque se consideran también “el equipo”, los vencedores, los que festejan el triunfo “nacionalista”. E igualmente la de los millares de jóvenes que viven pendientes de sus otros ídolos, los que las multinacionales que controlan los espectáculos llamados musicales les ofrecen en los grandes escenarios donde olvidan sus problemas y se dejan arrastrar por la histeria colectiva.

Seguro que los “intelectuales” de Podemos -de la universidad surgieron, de los estudios y no de las faenas agrícolas o trabajadoras, y es lógico que así sea- se encuentran llenos de intenciones de lo que fue el pensamiento de izquierda antes de que se corrompiera, y quieren cambiar el maldito, explotador mundo del fascismo -no sólo económico, moral y espiritual que vivimos-. Pero que no olviden lo que decía el tan bueno como inteligente Antonio Machado: "No me hables de pueblo, masa, gente, háblame de cada uno de los que la componen, de Luis, María, Antonio, Julia… de personas concretas y recuerda que por mucho valor que tenga un hombre, no tendrá más valor que el de ser hombre".

Las derechas son los dueños de la violencia. Que nos queden las palabras, puras, incontaminadas, para luchar contra ellas, que ya consiguieron pervertir a la izquierda, asimilándola, pero pensemos que el lenguaje y la utopía del mañana no están escritos todavía.

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