EDITORIAL / Van votar

Los ciudadanos catalanes votaron ('van votar', se dice allí) ayer en sus elecciones autonómicas y el resultado de la jornada debe de ser decepcionante para muchos... porque la ojeriza contra lo español ha crecido en los últimos años, pero no lo suficiente como para que la sociedad sea mayoritariamente independentista.

Así es que los catalanes deberán seguir conviviendo con el resto de los españoles... como no podía ser de otra manera, porque Barcelona nunca tuvo capacidad legal para convocar un plebiscito de independencia (como se empeñan en decir algunos; en realidad, consulta segregacionista); la Legalidad española prevé que algo así sólo lo pueden convocar aquí las Cortes Generales y que su universo votante sería toda la población del país, de modo que lo de ayer fueron comicios regionales, cuyo objetivo era elegir al presidente de la Generalitat.

... Y menos mal, porque si la consulta hubiera sido plebiscitaria su convocante habría perdido. Aunque, con el resultado de ayer el gran perdedor es la sociedad catalana, que ha quedado partida por la mitad y probablemente enfrentada entre sí con rabia; de modo que España debe concluir de la jornada una importante lección: hay locuras que conviene atajar antes de que sea demasiado tarde.

Porque, si es verdad que Artur Mas actuó desde Barcelona como un lunático, también lo es que, en Madrid, Rodríguez Zapatero se portó como un frívolo y Mariano Rajoy fue un cínico. Así que conviene trabajar tranquila y seriamente para restañar las heridas lo antes posible.

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