Un mundo feliz

Por ANDRÉ SOREL

'Un mundo feliz', escribe Adorno, describe orgías que se han pervertido, convirtiéndose en funciones sociales, aunque la frase más frecuentemente pronunciada por los habituales de su utopía negativa sea “todo el mundo es feliz hoy día”.

Y sobre este tema, que arranca de la obra de Aldous Huxley, de la diversión, añade Adorno: "Al mismo tiempo se extiende la censura. La sexualidad misma se ve desexualizada, por así decir, convirtiéndose en ’diversión', en una especie de higiene. Pierde no solo su impacto más amenazante y extraño al yo, sino también su intensidad, su sabor".

"La integración semitolerante del placer dentro de un rígido patrón de vida se lleva a cabo mediante la promesa siempre recurrente de que placer, viajes, juergas, fiestas y eventos similares reportarán ventajas prácticas. se conocerá a gente nueva, se entablarán 'conexiones' que resultarán provechosas para la propia carrera si uno sale con colegas o socios. Las relaciones pueden llegar a ser más agradables y, como consecuencia indirecta, la propia posición puede convertirse en más sólida y mejor remunerada".

A veces se realizan incluso insinuaciones de que, si se elimina el propio interés romántico, uno podrá beneficiarse de las mismísimas intuiciones comerciales de la mujer a quién se ama.

El mundo feliz, que ellos llaman estado del bienestar, lo pregonan hoy los mayores depredadores de la historia, quienes gobiernan España y el mundo. Mentiras envueltas en frases convencionales para ocultar el robo y las condiciones explotadoras más inicuas de los últimos tiempos, la falta de libertad, el imperio de las leyes y represiones contra quienes protesten.

La corrupción reside en los cuerpos, en las palabras, en los pensamientos, la información, las formas de vida, las culturas.. Todo lo que se denomina como progreso científico y técnico no es sino una mordaza para los ciudadanos, un ejercicio de alienación colectiva, destrucción de sus conciencias, imposibilidad de que puedan analizar la sociedad y el tiempo que viven.

No es por otra parte extraño que los “placeres” de esa minoría que se aprovecha del trabajo y el tiempo libre de la mayor parte de los hombres y mujeres de sus pueblos, sean al tiempo expuestos como modelos en los grandes medios de comunicación: sus casas lujosas, sus cuidados cuerpos, sus paraísos vacacionales, sus relaciones sexuales privadas o múltiples, sus vinos y comidas exquisitamente elaboradas. Al tiempo que se crean espectáculos multitudinarios cada vez menos deportivos, culturales, para que la masa se sumerja en ellos y crea, como les dicen, vivir en desarrollo y bienestar.

Todo es manipulado por los poderosos, y no se recatan en informar que el uno por ciento de la población controla el equivalente en sus fortunas al total del cincuenta por ciento de la misma, quienes se recluyen en zonas de excelso lujo vigiladas por cada vez más numerosas fuerzas de seguridad. Y sus formas y hábitos, condiciones de vida, se detallan para que las víctimas se emboben, alienen con la exquisitez de esa minoría prodigiosa que los esclaviza, ofreciéndoles a cambios fiestas, vacaciones, espectáculos cada vez más groseros y vulgares, embrutecedores y hasta repulsivos, mezcla de religiosidad, animalismo y chabacanería de toda índole que denominan artística, literaria o musical. Ebriedad de la masa frente a la selección de quienes gozan en sus guaridas lujosas, en sus selectas y restrictivas reuniones, en el arte, en la exhibición corporal, en el apareamiento sexual, en la degustación de placeres corporales de suntuosos escenarios para ellos solo reservados. Una diferenciación no solo en los salarios sino en los goces de la vida.

La extrema derecha capitalista no existe como partido: la conforman los poderosos que dirigen los negocios, los bancos, las religiones y las culturas, las relaciones laborales y humanas.

El poder es la mentira. La verdad revolucionaria ha sido secuestrada por quienes solo hablan, en sus discursos, precisamente, de poder, de llegar a usurpar el gobierno de los pueblos con la fiesta del mundo cada vez más feliz para ellos.

¡Tantos años hace que Adorno escribió las siguiente palabras, tan actuales!

"Los consumidores son los obreros y los empleados, los agricultores y los pequeños burgueses- La producción capitalista los absorbe de tal modo en cuerpo y alma, que se someten sin resistencia a todo lo que se les ofrece…"

"Las masas tienen lo que desean. Por eso se aferran sin dudarlo a la ideología con la que se los esclaviza… Hoy, cuando el concepto de proletariado, inalterado en su esencia económica, aparece tecnológicamente velado, de suerte que en el mayor país industrial no se puede hablar de conciencia de clase proletaria, el papel de los intelectuales no sería ya el de despertar a los adormecidos a su interés más inmediato, sino el de quitar a los prudentes ese velo de los ojos, la ilusión de que el capitalismo que temporalmente les hace beneficiarios suyos se basa en otra cosa que la explotación y la opresión."

La industria cultural puede vanagloriarse de haber llevado a cabo con energía, y haber erigido en principio, la a menudo poco hábil transposición del arte a la esfera del consumo, así como de haber despojado a la diversión de sus ingenuidades más molestas y haber mejorado la hechura de las mercancías... Su ideología es el negocio.

Y continúa Adorno: "La diversión es la prolongación del trabajo bajo el capitalismo tardío… La huella de lo mejor lo conserva la industria cultural… en la defensa y justificación del arte corporal frente al arte espiritual. El gusto dominante toma su ideal de la publicidad, de la belleza útil… El arte renuncia a su propia autonomía, colocándose orgulloso entre los bienes de consumo. Todo tiene valor solo en la medida en que se pueda intercambiar, no por ser lo que es".

Ya hoy las obras de arte son preparadas oportunamente, cual consignas políticas, por la industria cultural.

Todos los periódicos, televisiones, medios informativos, con grandes titulares, dan cuenta con ostentación y orgullo de que el hombre más rico del mundo sea español. 'El País' le dedica hasta un editorial. Ya tiene la 'marca España' su principal distintivo.

La noticia que debiera servir para un análisis sobre cómo se llega a ese estado de riqueza y bienestar y se atesoran miles de millones, comprobando en qué lugares se crean las mercancías que venden sus tiendas por todo el mundo, que población las produce, cuántas horas de trabajo rinden y en qué condiciones sus obreros, qué sueldos reciben, hasta cómo pueden emplearse a niños y niñas de diez años para así explotarlos mejor y que tengan menos costes y ofrezcan mayores ganancias en las ventas, y nos quedaríamos aterrados de hasta dónde puede llegar la explotación empresarial, se transforma en un canto e información para publicitar su marca comercial. Nadie hablará de una manera de superar a los Rato de turno: Paraísos fiscales y Paraísos laborales.

Son los mismos medios informativos que derraman lágrimas de cocodrilo sobre los miles y miles de huidos de la guerra y del hambre sin analizar como el capitalismo y el imperialismo son quienes llevan a esta situación por sus ataques salvajes a los pueblos en los que buscan dominar sus riquezas petrolíferas o de otra índole y dominar sus espacios estratégicos en la ininterrumpida contienda por dominar el mundo.

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