EDITORIAL / Dejà vu

España vive las últimas horas previas a las elecciones generales del domingo en una situación que conoció cuando la primera candidatura (fallida) de Mariano Rajoy: el Partido Popular trata de que pasen los días sin desvelar la verdad; cuando el 11M fue que en Atocha no había atentado ETA y ahora es que la agresión de Pontevedra es familiar.

Porque el agresor del presidente en Pontevedra es un familiar lejano suyo, que le culpa de no actuar en favor de su padre. En efecto, el descerebrado menor que golpeó a Rajoy es hijo de una prima de su esposa, lo que explica que pudiera estar tan cerca del presidente, y está enfadado con el inquilino de La Moncloa porque no ha hecho nada en favor de su padre, un preboste popular muy conocido en aquella tierra que está acusado de corrupción.

Pero los populares intentan convertir el suceso en una cuestión política, que ejemplificaría que el 'pobre' Rajoy es víctima de la izquierda por haber hecho lo que se debía hacer para salvar España... como intentaron hacer con el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, asesinada por una madre y una esposa despechada de sus propias filas. Pero no: a aquella cazurra la odiaba su gente como a este gallego le acusan en su propia familia.

Y ello sin perjuicio de que el antifascista que agredió al presidente del Gobierno sea un menor desequilibrado o de que la campaña electoral no haya sido muy interesante. A 48 horas de que se vote, es imposible prever lo que pasará el domingo. Pero no se pueden descartar estas opciones: que PP y PSOE acuerden salvar el bipartidismo (y pacten), que Rivera se imponga a Rajoy como salvador de la derecha o que toda la izquierda se una para llevarse el premio 'gordo'...

Las espadas están en alto, así que seguro que la participación será elevada.

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