¿Es Le Pen un espantajo o un fantasma?

Por Paco Audije

Cada vez que el Frente Nacional de Marine Le Pen (antes de Jean-Marie) no gana, se pone en marcha un mecanismo inconsciente y ya casi inevitable: todos los análisis reconducen su derrota hasta “demostrar” que –en realidad- el FN ha ganado. Y no es que esa interpretación les pertenezca sólo a ellos. Lo hacen casi todos los observadores. Aburrida unanimidad de los analistas, a derecha e izquierda. Es como un conjuro maldito. Equivale a acudir solicítos a consolarlos porque no alcanzaron todos sus objetivos. Es como animarles: vamos, Marine, un paso más. Ya te falta menos.

De modo que los medios vuelven a preguntarles a los lepenistas cómo están de contentos por haber triunfado sin triunfar. Y de esta manera regresan al primer plano con las previsiones de su mañana glorioso. Así de absurdo es el funcionamiento de un aspecto –esencial- de su crecimiento político y mediático.

Ha vuelto a suceder tras la segunda vuelta de las elecciones regionales, donde, sí, han llegado a más de 6,5 millones de votos (uf, sí). Vale, han subido cientos de miles de votos; y donde, sí, es cierto, vale, podrían haber triunfado en alguna región si Hollande y Valls no hubieran rediseñado poco antes los límites de las regiones francesas; donde, sí, estuvieron en cabeza en la mitad de las regiones… durante la primera vuelta. Etcétera, etcétera.

Pero el hecho incontestable es que la movilización de un cierto porcentaje de los votantes les ha apartado del poder en todas (todas) las regiones. Sí, son la oposición en primera regional; sí, tienen un porcentaje que no habrían soñado hace años. Sí, sí, sí… Lo acepto, lo acepto...

Pero esas victorias sonoras, no sé si pírricas al final, me recuerdan una canción de François Hadji-Lazaro de los principios de este siglo XXI, cuando Jean-Marie Le Pen (¡en 2002!) alcanzó la segunda vuelta de las presidenciales:

«Et si que, J’étais maire et toi “la mairesse”
Et si que tu m’montrais …tes …tresses
Et si j’arrivais, ….et si j’arrivais… »

Que si llegan, que si llegan, no terminan de llegar nunca. De modo que vamos a los hechos. Los sarkozyanos y sus aliados han ganado en siete regiones, los socialistas y sus aliados en cinco, los nacionalistas en Córcega; y el FN de la familia Le Pen en ningún sitio. Se han emborrachado de votos, según parece. Síííi, de acuerdo, sí, pero su modelo es el de los corredores que se desfondan en los últimos metros, una y otra vez. Hoy como ayer. El cántaro no termina de llegar a la fuente.

Acepto todos los reparos contra mi impertinencia. Zumban a mi alrededor. No convenzo a nadie entre mis amigos. “Su porcentaje es histórico”, me dice uno. “Su reserva de votos es incontestable”, me suelta otro. “Llegará un momento en que…”, concluye el más previsor.

«Madame, madame, madame,
Je, je parie que je vais y’arriv…..”
Et si que, et si que tu m’prêtes tes moufles
Et si que, en échange j’te passe mes
pantoufles »

Veamos de nuevo. Han perdido en la región Provenza-Alpes-Costa-Azul (PACA), su reserva mayor y donde la joven Marion Maréchal-Le Pen parecía brillar como nadie.

Merde pour eux, alors, mais c’est très bien!

Fantasma real o espantajo
Incluso madame Le Pen, Marine, pierde votos en algunas ciudades como Roubaix, con relación a la primera vuelta. Es la prueba de su gran porcentaje de voto infiel. Recibe un bofetón en una región donde el desconsuelo de los castigados por la desindustrialización parecía (¿parece?) abonar su terreno. Nada de eso parece contar para los analistas más ansiosos. Lo que importan no son los hechos, sino el fantasma que evocan. Y esta evocación se convierte en la sombra del apocalípsis. “El FN en el umbral del poder”, dice un titulillo de una revista francesa de derechas.

Por supuesto, sííí, de acuerdo, la reacción ciudadana no garantiza el futuro. Pero, ¿por qué le quitamos importancia al vaso medio lleno? ¿Por qué la disposición de los votantes de izquierda, al votar tapándose la nariz, carece de valor? ¿Por qué si se abre una perspectiva de mayor pluralidad, donde la derecha y la extrema derecha no son aún los únicos contendientes posibles, no podemos señalarlo? ¿Sólo sirven los argumentos políticamente autoflagelantes que tanto le gustan a Marine Le Pen?

Los franceses no han acabado con el fantasma, desde luego. Nadie ha triunfado del todo (ni siquiera, ni mucho menos, Sarkozy). Pero para Hollande y los suyos no caer derrotado estrepitosamente cuando te profetizan lo contrario, ya es importante. Los muros de resistencia ante el extremismo antieuropeo no se han rendido. Me parece importante que sean más sólidos de lo que parecía.

Retengo, desde luego, la advertencia de Laurent Joffrin en 'Libération': “El PS no podrá salvar su piel indefinidamente con sólo agitar el espantajo del FN. Llegará un momento en el que los electores, que han mostrado su patita blanca en este cuento (escrutinio), terminarán agotando sus reservas de indulgencia”. Así es.

Pero el FN no ha ganado, ni ganó en ninguna de las metas recientes, importantes, que nos anunciaron los agoreros de la historia. La mayoría que gobierna en Francia, y los que se oponen a la ambigüedad de Sarkozy en su propio campo, tienen que moverse ahora. Los desheredados de la crisis tienen que verse reflejados en algo más que en el vocabulario de los discursos. ¿Va a seguir el gobierno francés defendiendo los rigores de la eternidad invernal que rigen desde Frankfurt a Lisboa pasando por Bruselas? ¿No hay matices posibles en eso?

Someter los programas y las finanzas del FN a escrutinio público

Por el momento, podemos contradecir los sucesivos programas del FN. Están lleno de tonterías. Desde “el contrato de adopción prenatal” (sic) hasta la restauración de la pena de muerte, que expulsaría a Francia del Consejo de Europa… que tiene su sede en Estrasburgo. Sus ideas sobre la nacionalidad podrían cuestionar que personas como Zidane o Aznavour fueran francesas. O aquello de:

“El impuesto de sociedades podría basarse no en los beneficios empresariales, sino en el diferencial entre la cifra de negocios y la masa salarial, para realzar el valor de los sectores económicos que producen empleo” (sic). El célebre economista Thomas Pickety lo contesta: “Es una medida de hace un siglo. Los pequeños comerciantes y los artesanos perecerían, porque precisamente ellos compran muchos productos intermediarios a otras empresas sin crear valor añadido”. Etcétera, etcétera.

Y se debería reanudar el interés mediático por su financiación. Esa extraña conexión bancaria Moscú-Praga, que ni siquiera desmintió Marine Le Pen. Hace un año lo justificaba al mismo tiempo que anunciaba lo siguiente: “Para las regionales, serán 30 millones. No disponemos nada más que de 5 millones de euros de subvenciones al año. No tenemos bienes inmuebles. Así que tenemos que pedir préstamos en los bancos franceses o extranjeros”. ¿Alguna cuestión o investigación que añadir?

De acuerdo, su aumento de votos es alarmante, pero es un voto menos fiel del que se pretende. Es disperso, viene de sectores muy opuestos entre si y bastante variopinto. ¿Es un voto de adhesión, como dicen? Ah, y no es obligatorio que nosotros y todos los medios digamos “que vienen, que vienen” todos los días. De modo que esta semana (una semana, al menos, ¿vale?) retengo una idea fija e impertinente: el Frente Nacional de Marine Le Pen , y ella misma sobre todo, han sufrido una derrota a manos de los ciudadanos movilizados en las urnas de todas las regiones de Francia. Esta semana voy a disfrutarlo.

Lo que venga más tarde depende de los demás partidos, del gobierno y la presidencia de Francia: sobre todo, de que rectifiquen su tibia política social. A un lado y otro de los Pirineos, los agoreros abundan; pero los profetas auténticos escasean bastante. Manuel Vazquez Montalbán, en otro contexto, hablaba del problema que surge por los temores del “miedo a tener miedo del miedo tanto a lo que pueda pasar como a lo que no puede pasar” (El País, 15 de marzo de 1986).

Repasemos la historia de las profecías sobre el FN (no cumplidas) desde hace quince años. Y no olvidemos que nuestra fascinación, pesimista y morbosa, también le sirve al Frente Nacional para acercarse al poder. Hoy canto aquello de «Et si que on faisait comme si qu’on était… ».

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