Los cuatro miedos de la vida

Por José Carlos García Fajardo

En la antigua sabiduría Tolteca, según Kapulli y Temazcal, se describían cuatro males fundamentales.
Ante el miedo a la soledad hay dos opciones: La primera es que el ego trabaja para hacerte creer que realmente estás solo, que tú estás unido a los demás con el fin de sentirte protagonista de la vida y encontrar el reconocimiento en la familia, en la pareja, en el grupo de amistades, en el trabajo y en la sociedad.

La segunda opción es que el Espíritu desea que recuerdes que eres parte de una Totalidad. Que tú siempre estás unido a la energía integradora que se manifiesta en una llama interior que tu posees, una luz que debes expandir.

Cuando le das fuerza a esa luz interior comienzas a mirar con los ojos de tu corazón y empiezas a ser consciente de que siempre tienes compañía. Es la compañía con tu ser interior y con un Ser Supremo. Llegarás a comprender que la soledad es una oportunidad de la vida para compartir contigo mismo y empezarán a aparecer aquellas personas que vibrarán con tu misma sintonía e intensidad.

Superar el miedo a estar sin dinero u oportunidades para ser cada vez más abundante, requiere de un trabajo contigo mismo.

Debes darte la oportunidad para considerar que tus emociones sientan ese “deseo de merecer lo mejor para tu vida”. El sentimiento de víctima es una señal de que el fantasma del miedo te invade.

Hay una palabra que cuando la repites empieza a dar claridad al estado de abundancia que hoy tienes. Esta palabra es “gracias”.

Cuando agradeces por todo cuanto tienes y por lo que llegará a ti, comienzas a percibir todas las cosas que la vida te ofrece cada día. Sentirte agradecido por cuanto tienes, por las situaciones que parecen adversas; pero me dejan sabiduría. Gracias por la sonrisa que me regalo esa persona que no conozco. Gracias por tener trabajo, por la comida caliente, por la taza de café, por el sol de la mañana. Reconoce y expresa tu agradecimiento por cuanto es y existe. Celébralo y en poco tiempo comprenderás que aunque la vida pareciera no tener sentido, tienen que tenerlo vivir aquí y ahora.

La enfermedad es un desequilibrio de tu estado de conciencia. Cuando empiezas a sentirte débil, está claro que perdiste tu fortaleza interior. “Enfermedad”, es una palabra que proviene del latín in-firmus, que significa “Sin firmeza”.

Si comienzas a erradicar las auto culpas, estarás dejarás las cárceles del sabotaje mental y te liberarás de estas ataduras. Piensa en positivo respecto de ti mismo.

La enfermedad se contagia, perjudicando a otro ser, como se puede contagiar la salud. Reconcíliate con el pasado, perdona en tu corazón todos los sucesos de dolor y llena tu corazón de alegría, perdón y paz. Permanece también en silencio, porque la plenitud de caer en la cuenta se fomenta en este espacio de meditación.

El remedio para la enfermedad es el amor. Te darás cuenta de que el amor también crea adicción. Llénate de amor, ya que nadie puede otorgar lo que no tiene, da amor y recibirás amor.

Estarás cada vez más sano y lleno de vitalidad. El mundo necesita que estés saludable, para poder cumplir tu responsabilidad de ser gestor de cambios en este planeta, tan necesitado de curar sus heridas.

Si hay algo de lo que podemos estar seguros es de que partiremos de esta vida. Cuando el médico nos da la primera nalgada para que comencemos a respirar, se activa la cuenta regresiva; ese tic-tac que nos indica que vamos yendo hacia el día que debamos “parar”. Por eso la vida es un constante “Pre-parar”, es decir, una invitación a trascender en cada instante vivido, hasta que llegue tu turno de “parar”.

Ante el miedo a la muerte imagina que hace una semana que has muerto y que estás visitando tu propia tumba. Piensa en cual es la frase que escribirían acerca de ti: ¿Que fracasaste en muchas de las áreas de tu vida? ¿Que a algunos no les importa tu partida porque les hiciste la vida amarga? o ¿Que sienten tu partida y que dejaste un espacio vacío que nadie podrá llenar?
El miedo a la muerte se supera cuando tu actitud es proyectarte en tu entrega, bondad, generosidad, desprendimiento, altruismo, amor al prójimo, capacidad de despojarte, sin condiciones, sin esperar nada a cambio sino por el placer de compartir; que vivirá en la memoria y en los corazones de quienes hicieron contigo el camino conscientes de que la meta es el camino y éste lo hacemos al andar.

José Carlos García Fajardo es profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid y director del Centro de Colaboraciones Solidarias

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