La izquierda francesa de cara a 2017

Por Julio Feo

La primera pregunta que un elector de izquierdas se hace al conocer la dimisión de  la ministra de justicia Christiane Taubira es: ¿el gobierno  Hollande-Valls-Macron, es un gobierno de izquierdas?

El vespertino 'Le Monde' escribe con razón en su portada “Hollande se priva de su izquierda” y se interroga sobre el riesgo de que el Presidente pierda su actual mayoría, lo que sin embargo parece poco probable.

Mas allá del acto simbólico que  representa la dimisión de la “última ministra de izquierdas que le quedaba a Hollande” como la califican hoy numerosos comentaristas,  cabe subrayar que esta  dimisión se añade a las  dimisiones anteriores no menos importantes de otros cuatro ministros: la ecologista Cecile Duflot y los socialistas Aurelie Filippetti, Arnaud Montebourg y Benoit Hamon.

Mientras en el parlamento se ha desarrollado una tímida rebelión de una parte de los  diputados socialistas, que se sienten traicionados por Hollande, Christiane Taubira seguía sola su combate por una concepción humanista y socialista de la justicia, no basada únicamente en la represión, sino sobretodo en la disuasión y en el respeto de los derechos humanos. Lo más destacado de su paso por el ministerio de Justicia fue su destacada acción por el matrimonio para todos, frente a las agresivas y racistas reacciones de la derecha francesa.

Los atentados terroristas y crímenes de masas del 2015 han conducido Francia al estado de excepción, y han contribuido al aislamiento de Taubira en el seno de un gobierno que ya no tiene nada de socialista, dominado ahora por la tendencia Valls, que dicho sea de paso obtuvo en las primarias socialistas de 2011 el destacado resultado de 5’6 por ciento de votos, el penúltimo de los seis candidatos en liza. Tendencia reforzada ahora con el aun más derechista Emmanuel Macron, admirado por todos los perros guardianes del sistema neoliberal.

Las sucesivas dimisiones de los ministros socialistas que mantenían posiciones de izquierdas puede  ser  interpretada pues, a mi juicio, como una tentativa de un puñado de sus dirigentes de evitar el suicidio político al que Hollande y Valls conducen al Partido Socialista y a su actual mayoría parlamentaria.

Algunos, como la socialista Aurelie Filippetti, o el ecologista Daniel Cohn Bendit, proponen la organización de elecciones primarias en el seno de la izquierda para  las presidenciales de 2017, poniendo en tela de juicio la candidatura de Hollande. Sin embargo el viraje derechista de Hollande-Valls, hace imposible hoy en día tal elección, pues habrá que definir primero la frontera entre derecha e izquierda.

Esta ola de dimisiones y el progreso de los diputados socialistas disidentes, podría en cambio conducir a una tentativa de candidatura común de la izquierda, que por definición debería excluir a Francois Hollande y Valls, personaje minoritario que quería acabar con la denominación de Partido Socialista.

Christiane Taubira se ha ido del Gobierno con mucha dignidad y con todos los honores. “Resistir a veces es marcharse… en bicicleta” ha dicho la exministra de Justicia, en un gesto simbólico y preciso contra los privilegios de los que desde el poder utilizan –con nuestro dinero– vehículos de función para todo desplazamiento.

“Podemos” en España está dando buen  ejemplo también a este respecto, esperemos que la honestidad sea una enfermedad contagiosa y una vacuna contra la corrupción y los privilegios abusivos de esa clase política que se obstina en llevar Europa hacia el abismo.

Diré para cerrar esta reflexión  que si la dimisión de Taubira ha sido provocada con el pretexto de la ley que debe regular el tema de la privación de nacionalidad para los terroristas o delincuentes, con sus consecuencias previsibles en materia jurídica,   conviene  subrayar que ese no es  más que al árbol que esconde el bosque de la verdadera frontera que separa hoy la derecha y la izquierda, si esas palabras tienen todavía sentido.

A saber: la política económica neoliberal y belicista de una Europa más desunida que nunca a la que Hollande se ha adherido, traicionando sus promesas. El estado de excepción antiterrorista es hoy una buena excusa para el gobierno francés en su ofensiva contra el derecho laboral y en la criminalización de las protestas sindicales y ecologistas, ver Goodyear, Air France, las manifestaciones de agricultores, o de taxistas.  Eso es lo que está verdaderamente en juego en este 2016 preelectoral en Francia.

El reciente manifiesto del exministro griego de economía Varoufakis “por la democratización de Europa” me parece una excelente base de reflexión para las izquierdas europeas. El programa de su movimiento Diem 25 será presentado en Berlín, el próximo 9 de febrero.

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