Entrega en lo cotidiano

Por Juan Tomás Frutos

Deberíamos reparar recurrentemente en la belleza y la salud. No tengo claro el orden, pero así debería ser. La vida es una suerte de milagro que hemos de procurar expandir a la menor ocasión, en toda oportunidad. El conocimiento forma parte de ese equipaje imprescindible para avanzar y movernos en los planos más gloriosos, en aquellos que nos aportan bienestar y sensación de equilibrio, esos conceptos por los que tanto bregaban los griegos antiguos con sus visiones filosóficas y antropológicas de lo humano.

Cada despertar es, en sí, una emoción, un sentimiento, un anhelo compartido desde la experiencia que hemos de concebir como dichosa. Todo lo que no sea estar en paz es una elección perdida. El sosiego es fruto de la justicia y, fundamentalmente, del aprendizaje. La inseguridad suele venir de la ignorancia, que hemos de apartar lo que podamos.

El brillo por aprender se ha de vislumbrar en nuestros ojos en cada amanecer. De ahí que mantengamos la apuesta de conseguir esos destellos en base a la sabiduría que se adquiere de leer mucho y por reflexionar acerca de cuanto ingieren nuestras mentes y corazones, que han de platicar con la docencia que se les acerque.

Serenamente nos hemos de abrazar a las grandes y pequeñas causas de nuestros alrededores en el afán de medir nuestras posibilidades y de continuar desde la premisa de que somos libres de modo genuino cuando ejercemos nuestros actos, aunque parezca una obviedad, con la necesaria independencia. Conocer nos ayuda expresamente a ser joviales, porque incluso cuando lo que advertimos no es óptimo podemos mejorar las cosas a partir de su aprehensión.

Las aspiraciones vitales son múltiples, pero han de sopesarte y tomarse en dosis, con acción, con señorío, desde la pretensión máxima de contribuir con la sociedad para que sea hermosa por dentro y por fuera. Los actos maravillosos generan extraordinarios dividendos. Lo captemos o no acontece de esta guisa.

Si fuéramos más despacio palparíamos este beneficio que referimos.

Estandarte
Como estandarte hemos de intentar que nada de valor nos falte: tenemos (no lo olvidemos) voluntad, amigos, buenos propósitos, querencias, actitudes, aptitudes, y las metas de compartir la formación, la información y el entretenimiento de los más dispares contenidos existenciales, los que distribuimos mes tras mes.

Continuemos, por favor, sin descanso.

Emprendamos, por lo tanto, con este discurrir, un nuevo día cargado de intelectualidad y de alma. Los dos planos se complementan y nos brindan paralelamente una justificación respecto de cuanto realizamos.

Estamos sanamente alegres por la labor desempeñada, y en esa vereda siempre nos encontraremos. Por cierto, la tarea está en lo cotidiano, y no en lo excepcional.

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