El relato fotografiado del mundo

Por Kepa Larrañaga

El poeta latino Horacio dijo: “Una pintura es un poema sin palabras”.

¿Qué puede determinar el predominio de la ‘cultura visual’? El tipo de relación de la imagen con su espectador (lo que en primer término determina su vínculo) está mediado por un interfaz si entendemos la conexión entre dos sistemas independientes. En un ecosistema donde es dominante la sustitución del ‘teclado físico’ frente al auge de las ‘pantallas’, donde el teclado ha quedado inmerso dentro del marco de la imagen. Más en un ecosistema que necesita de una mejora constante en la rapidez de transmisión de información porque el centro del dispositivo es el ‘streaming’ y la captura de la imagen. Existe una mayor aparente determinación de la denominada ‘cultura visual’.
Oscars selfieLa ‘voz en off’ simula la palabra que no se encuentra en escena. Es un relato retransmitido que se intercala con lo momentáneo, con el suceso escénico. Agrupar lo contingente de la expresión escénica con la voz ‘pro-forma’ del relato, escenifica lo dicho aunque oculto tras la palabra. El no-error por la perfecta dicción, por la correcta modulación, por la buena pauta rítmica, supone soslayar el desnudo escénico del que se arriesga con su público. Su no riesgo puede ser ausencia de diálogo y exiliar del escenario al coro, a su público, por glosar secuencias incompletas.

Imaginemos la procacidad escenificada del actor o actriz queriendo significar algo íntimo en su escena de dos maneras: si se soporta con la secuencia expresada de la voz de quien actúa, o sujeto sin palabra a la ‘voz en off’ relatada pero ‘pro-forma’. Su imagen es y será distinta. Es lo que queremos explicar.

El ‘relieve expresivo’ de nuestras posibles interrelaciones tampoco queda solo determinado por la linealidad del registro temporal. Entre la posibilidad y la contingencia (lo que finalmente puede quedar representado colectivamente) queda determinada la existencia de otra estructura más compleja compuesta por distintos estratos. Capa sobre capa proyectada por la superficie escénica que conservan meta-información variada pero no elocuente, si la entendemos como no expresada. Esta profundidad puede quedar determinada por el registro, dependiendo cómo se efectúe. Por ejemplo con palabras o sin palabras cuando el relato lo reproduce como constante una ‘voz en off’ previamente ‘pro-formada’ o, de la misma manera, al disimular el registro de la imagen captada y al editar la imagen, manipulando el momento pasado.

Tengan en cuenta lo dicho por Michel Foucault en ‘La arqueología del saber’ (1969) al advertir la existencia de modos de discurso generales que pueden impedir ver el discurso en su total complejidad. Entonces, ¿en una ‘cultura visual’ quedamos en manos de los discursos, quizá oficiales, de los editores de imágenes? ¿Podemos estar falsificando el registro más cuando se puede reclamar la rectificación del propio index de búsqueda de información, en esencia otra edición simulada de la imagen, con el denominado ‘derecho al olvido’?

La palabra codificó pautas, conversaciones, ideas o motivaciones porque cada idea registraba un valor concreto para cada expresión que únicamente requería del conocimiento preciso para ser dicha. Pero la imagen capturada y posteriormente procesada en un mundo plagado de dispositivos móviles está determinando ‘nuestra cultura visual’, al abstraer lo concreto en un foco de atención parcial de lo capturado, y al registrar finalmente el borrado de lo abrupto o no oficial en este retoque velado de aquella imagen.

¿Estamos generando un registro producido por una mera suma de parcialidades y por el velado de la realidad escénica a pesar de la profusión en la producción de imágenes y su difusión global?

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