Una Madre (con mayúsculas)

Por Ana María de Luis Otero

La llamada no era la que esperaba. Su hijo Luis, tendido en el suelo, perdía la vida con 24 años. No es la primera madre que siente el desgarro de la vida ni tampoco será la última pero ella ha sido el ejemplo del dolor; acaso el símbolo del desgarro de una madre.

El dolor que estremece al mismo dolor porque es enorme; es absoluto y además, es único. Deja de tener sentido porque hablamos de tu hijo, de la persona que más quieres en el mundo. María Antonia solía acompañarle cuando comenzaba a andar por los circuitos. Nadie que monta en moto espera morirse en ella, o sí, pero una madre, nunca.

Su hijo era Luis Salom. Ante la mirada inerte de su hijo delante del féretro María Antonia se cortó la melena con el mismo mimo con el que su niño la solía coger; esa que acariciaba cada vez que se subía a una moto. Su madre entrelazó entre los dedos de su hijo mechones y rizos para que pudiera tocarlos el resto de su vida. La maternidad en el extenso sentido de la palabra; la del dolor extremo y la del amor incondicional; ese es el acto de una madre que se llama María Antonia Horrach. Una mujer que hoy exhibe con dignidad su cabeza rapada y habla en nombre del amor a su hijo. Un rostro hermoso que ya no tiene cabello porque el suyo se ha ido con la serenidad del duelo que ha tenido que hacer cuando ha despedido a Luis; el mejor regalo que le ha dado la vida y que un triste día, también le arrebató 24 años después.

En nombre de las madres has hablado de dolor en el silencio más absoluto cuando has sido capaz de desprenderte de algo tuyo para dárselo a tu niño que hoy sabe de ti y habla de ti en ese lugar adonde van las personas buenas. Tu gesto será siempre recordado y será símbolo de la belleza de una madre. Tu integridad al no desmoronarte y rendirte, servirá, aunque no lo creas, para que todas las madres se miren en ti, y acojan, si la vida tristemente se lo depara, en sus brazos a sus hijos inertes si han de morir antes que ellas. Y todas, absolutamente todas, sentirán igual que tú.

¡Va por ti, querida madre! Es un dolor indescriptible pero tú has sabido enseñárnoslo a la perfección con dignidad y amor. Luis lo sabe, ¡eso no lo dudes nunca, amiga!

Su mejor carrera fue llegar a hacer lo que más quería y lo hizo por ti; tampoco te olvides. Cuídate en el resto del trayecto. Las madres, siempre nos comprendemos a la perfección y ahora con tu ejemplo, mucho más. La ternura de la maternidad tiene nombre de mujer: María Antonia.

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