Derecha e izquierda, la gran mentira de España

Por Andrés Sorel

Hablamos no en términos de personas individuales o de pequeños grupos, políticos o sociales, sino de los partidos que, inmersos en la mentira de la democracia –¡qué más quisiéramos que vivir en una democracia no del dinero, de los intereses bancarios e imperialistas, sino de las ideas (utopías) de la libertad no mediatizada, del desarrollo igualitario, donde el imperio de la Ley, el poder de la Iglesia y los medios de incomunicación no condicionaran, con el mercado y la publicidad, a la mayor parte de los ciudadanos– nos martirizan día y noche con sus lenguajes torticeros, farsantes, más propios de telenovelas que de la política, en sus ansias burocráticas de ocupar las parcelas de poder que se les concede.

Por eso, a quienes así pensamos, que consideramos se debiera rechazar ésta para luchar por otra realidad diametralmente opuesta a la que vivimos, nos llaman pesimistas.

Primera cita: Norberto Bobbio
Soy un ilustrado pesimista… Me parece además que la postura pesimista se adecúa más al hombre ilustrado que la postura optimista… Sólo sé que la historia es un drama, pero no sé, porque no puedo saberlo, que es un drama con un final feliz. No querría que esta declaración de pesimismo se entendiera como un gesto de renuncia. Es un acto de sana austeridad tras tantas orgías de optimismo, un prudente rechazo a participar en el banquete de los retóricos siempre festivos… Y además, el pesimismo no refrena la laboriosidad, sino que la encamina y dirige mejor a su objetivo. Solo el buen pesimista está en condiciones de actuar con la mente despejada, con la voluntad decidida, con sentimiento de humildad y plena entrega a su deber.

Las derechas. Palabra que no puede aplicarse a quienes hoy la usufructúan en España. Porque lo lógico sería denominarlas: los neofranquistas, acomodados con nuevas formas –el desarrollo económico– pero sin perder sus orígenes, los de las atrocidades del franquismo que ellos se niegan a condenar. En cuanto a su actuación pública también se muestran herederos suyos: en la corrupción, en la ideología totalitaria, en su amparo del catolicismo eclesial, ultramontano e influyente, desde la educación a la vida cotidiana, en la dependencia de los neoliberalismos económicos, militares, hasta culturales, lacayos pues ayer y hoy. Y no dudan en acomodar, dentro de los límites que les permiten las leyes, la justicia, la censura, la información y sus medios comunicativos y festivos  embrutecedores, a sus intereses.

Y las izquierdas. Partidos acomodados al juego y la farsa democrática que contribuyen al mantenimiento del nuevo viejo Régimen. Cierto es que no pudo por menos que mejorar sus aspectos sociales, no en la diferencia de clases, que siguen existiendo, una cada vez más amplia y limitada en su “bienestar”, otra cada vez más reducida pero poderosa en su riqueza y nivel de vida. Pero abdicaron de cualquier programa revolucionario. Y aceptaron la violencia del poder. Violencia como patrimonio de un Estado que la emplea gracias a las leyes que a sí mismo se da.. Contribuyen así a mantener ese poder durante años y años sin que las izquierdas intenten imaginativa y colectivamente transformarlo, resignándose a su pasividad y aceptando las políticas que les imponen no ya desde su Gobierno, sino desde los auténticos Gobiernos ultracapitalistas internacionales que les dictan su Ley: la de los bancos y oligarcas.

Segunda cita, Kafka
Hablando de esa violencia que ellos monopolizan al tiempo que han convencido a sus súbditos no puede ser empleada en su contra, no viene mal la cita de un escritor tan creativo como visionario, Kafka, segunda cita cuando escribe como empleado de la oficina de seguros en referencia a  los trabajadores accidentados que acuden en busca de ayuda:
Que gente más resignada. Acuden a nosotros a suplicar. En vez de asaltar el edificio y hacerlo todo añicos, vienen a suplicar.

A veces surgen movimientos renovadores que pretenden ser revolucionarios. No tardan los más oportunistas incrustados en ellos en acomodarse a sus fines que lentamente, –la acción es ahora elección–, elección tras elección, se van amoldando a aquellos que criticaban y contra los que surgieron y por los movimientos no de partidos fueron apoyados. Hasta que el Congreso se convierte en una nueva televisión mediática y esperpéntica donde más que las ideas importa la “representación”, para gozo de la “sexta” o la “primera”, en el negocio mediático.

Bulla, cinismo, lenguaje pedestre, chistes vulgares y horteras, concursantes del premio al más visitado y usado en el otro destrozalenguajes del que se vanagloria, a través del invento antipensamiento de las redes, amantes al fin de los espectáculos banales como los de la “quinta”, la “tercera”, otras múltiples televisiones, que multiplican, eso si, su imagen y les dan publicidad gratuita. Y para algunos de nosotros, es lo más lamentable de todo si no queremos volvernos ermitaños: soportar mañana, tarde y noche, sus rostros en las televisiones, sus palabras en las radios. Pasamos de la repugnancia física que nos provocaban, por ejemplo, Aznar, Rato, Álvarez Cascos, a la renovada de Rajoy, Montoro, Báñez, Fernández Díaz. O al rechazo ético y lingüístico de los que se dicen de izquierdas. Y menos mal que, lejos de Cataluña, no sufrimos las caras y palabras del cínico Mas o el obispable Junqueras.

Televisiones que se pasan día y noche con tertulianos que les acompañan para convertir los platós en circos que excluyen el pensamiento, la reflexión, el diálogo, el lenguaje comedido y creador y potencian los gritos, exabruptos, gestos barriobajeros. No se escuchan entre ellos ni se responden. Solo mantienen su insoportable verborrea.

Tercera cita: José Martí
El respeto a la libertad y al pensamiento ajenos, aún del ente más infeliz, es en mi fanatismo: si muero o me matan será por eso…
El primer deber de un hombre es pensar por sí mismo. Por eso no quiero que quieras al cura: porque él no te deja pensar.
Podríamos añadir: el cura o el dogmático, el tertuliano o el dictador político.
Desde hace mucho tiempo, tal vez desde el final de la segunda guerra mundial, todos los utópicos fueron vencidos. Los sindicatos pactaron con el poder y los llamados partidos de izquierda, socialismo y comunismo, con el parlamentarismo. Así, las ideas, la reflexión y sobre todo las acciones reivindicativas fueron lenta pero progresivamente desapareciendo de las acomodadas, amaestradas y hasta pagadas izquierdas.

Y el desarrollo del poder y la falsedad de los medios de comunicación periodistas, tertulianos, opinadores que algunos llaman politólogos, (?) vulgares burócratas acomodados a la paga de la vergüenza que a muchos les hace abdicar de su profesionalidad e independencia de acuerdo a los intereses que imponen los dueños internacionales de esos medios –y la mayor parte de los que se rebelan son despedidos o silenciados–, dan vueltas y vueltas a lo que llaman actualidad –el sensacionalismo, los sucesos, la vida frívola ocupan sus mayores audiencias– con vulgares aportaciones cuando hacen comentarios políticos, tan reiterativos como inocuos.

Cuarta cita: Rafael Sánchez Ferlosio
Ninguna opinión es respetable, todas han de ser atacadas con toda la apasionada subjetividad que es propia del más libre y más generoso entendimiento.
¿Por qué me suscita siempre la impresión de un actor que sobreactúa quién declara no estar ejerciendo otro papel que el de objetivo expositor de la realidad o imparcial mensajero de los hechos?
Y dentro de este erial en el que vivimos, la cultura. Salvo excepciones resulta deleznable comprobar la supeditación al mercado de los escritores. También la derecha y la izquierda aquí se han sumergido en el único objetivo por la mayor parte de ello0s buscado: la mercantilización de la cultura.

Nos quedan afortunadamente, para sumergirnos en la isla del pensamiento y la belleza, los creadores del pasado y algunos continuadores de ellos en el presente que, pese a la publicidad, el embrutecimiento colectivo y el poder de la industria cultural, sobreviven.

Última cita: Nietsche
Compañeros para su camino busca el creador, y no cadáveres, ni tampoco rebaños y creyentes. Compañeros en la creación busca el creador, que escriban nuevos valores en tablas nuevas

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