EDITORIAL / Cuba

Está revuelto el mundo por el fallecimiento del cubano Fidel Castro, pero de él se dicen muchas mentiras porque no hay personaje como éste para aplicar lo que dijo el asturiano Campoamor: "En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira; todo es del color del cristal con que se mira"... Y así Cuba.

Cuba es un pequeño país caribeño que está en el Tercer Mundo, pero que tiene una Educación y una Medicina que compite con cualquier Estado desarrollado. Y ello por la acción del régimen que lideró Fidel Castro. Este descendiente de gallegos fue un abogado educado con los Jesuitas que planeó para su tierra una revolución cristiana que se convirtió en marxista por la oposición de Estados Unidos.

Y ello por un enfrentamiento entre el zorro soviético Kruschev y los militares halcones que quisieron mandar más que el católico Kennedy en EEUU. Un enfrentamiento que tuvo el mundo al borde de la guerra nuclear. Tras aquel episodio –cuyo preludio se escribió meses antes en Playa Girón–, La Habana no tuvo otra salida que echarse en brazos de Moscú para evitar a su poderoso vecino del Norte.

De las andanzas de ese vecino aún se recuerda en la isla el llamado 'tres por uno', un fin de semana turístico que partía de Miami para disfrutar en los hoteles Continental o Hilton de tres relaciones con una menor cubana: una vaginal, una anal y una oral. De aquellas bacanales era proveedor el jefe del Gobierno cubano, un cabo del Ejército llamado Fulgencio Batista cuya ejecutoria como autócrata sólo es comparable a la del dominicano Trujillo (tan voraz que hasta falseaba la Lotería para que le tocara a él) o el haitiano Duvallier (que creó la banda criminal Tonton Macoute).

Con los años y sus paranoias el mayor de los Castro acabó convirtiéndose en un psicópata tirano que traspasó sus poderes a su hermano Raúl, para que le garantizara una muerte en paz. Y eso es lo que acaba de ocurrir. Lo que pueda pasar allí de ahora en adelante es una incógnita.

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