EDITORIAL / Más arroz que pollo

El nuevo Gobierno de Mariano Rajoy es más una operación cosmética para aparentar que se entra en otro tiempo que un auténtico cambio de talante, como demuestra el hecho de que su presidente no se lo ha presentado a los españoles (en rueda de Prensa), sino simplemente anunciado (con un comunicado).

Refractario como es a los cambios, el gallego se ha deshecho de lastre y se enrocado con fieles, al tiempo que se ha encomendado para la legislatura a Soraya Sáenz de Santamaría. La pequeña será la jefa de todos los equipos negociadores y no se tratará con su enemiga Dolores de Cospedal, que rendirá cuentas al presidente.

Nombrando a la toledana, el presidente se quita de encima a Morenés, que siempre tuvo demasiados intereses en la Industria militar, como aleja de sí al opusino Fernández Díaz y sus vírgenes en Interior (donde entra Zaida, el sevillano premiado por levantar el caso de los EREs del PSOE) o silencia a Margallo, que podría llegar a ser una alternativa en el partido.

Otros nombramientos tienen menos enjundia: la ministra catalana es una forma de dar aire a voces no independentistas en el debate nacional (pero es mala elección, porque esta mujer es una de las grandes defraudadoras de España); el exalcalde de Santander es una de las voces jóvenes de la derecha y Nadal es un tipo que conoce bien el paño que se le encarga.

El problema del nuevo Gobierno es que será difícil de defender para quienes lo han permitido: a ver cómo se las arregla la gestora del PSOE para justificar que Montoro o Báñez sigan ahí... por no hablar de De Guindos.

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