Homenaje a las mujeres en Guatemala

Por Ileana Alamilla

En el marco de la conmemoración del día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, la fiscal general y jefa del Ministerio Público de Guatemala, Thelma Aldana, inaugurará la Fiscalía contra el delito de Femicidio, un compromiso que la funcionaria ha mantenido desde hace muchos años, en defensa de los derechos de las mujeres y, en este caso, de la lucha por erradicar esas actitudes que tanto sufrimiento les provocan.

Este año se han conocido casos horrendos de criminalidad en contra de las mujeres. Pero las cifras son frías y no evidencian el drama que esconden. Mujeres cuyos cuerpos han sido cercenados por el odio y la deshumanización de personas que no merecen vivir en sociedad; otras cuya dignidad se ha mancillado a través de las violaciones a su cuerpo que afectan su espíritu; unas más que son ofendidas con palabras que hieren el alma. Pero también hay millones de casos de mujeres cuyos derechos económicos, sociales y culturales son vulnerados persistentemente, carecen de lo elemental para llevar una vida digna. Eso también es violencia.

Muchas viven en silencio su agonía cotidiana, vestidas de luto por el asesinato de sus compañeros de vida, de sus hijos o hijas o por la lejanía de sus seres queridos que han debido migrar dejándolas viudas con maridos vivos, buscando el sustento para sus descendientes.

Desde hace veinte años se silenciaron las armas en Guatemala. Celebramos muchos de sus logros, sin embargo, este escenario de paz, que no significa únicamente el silencio de las armas, debería ser valorado como una oportunidad de transformar el país en beneficio de los pobres y excluidos, de combatir y erradicar esa violencia extrema que nos está diezmando y exterminando.

En los aciagos tiempos del conflicto armado, en la capital del país, las mujeres guatemaltecas desafiaron el terror impuesto por un Estado contrainsurgente que desató una represión cruenta en contra de su propio pueblo. Se organizaron cuando la mayoría calló ante lo brutal de la reacción estatal que descabezó al movimiento sindical; diezmó a la academia asesinando, secuestrando o forzando al exilio a grandes valores intelectuales del país.

Ellas formaron organizaciones surgidas por la represión. Muchas eran indígenas indagando por sus maridos, sus hijos, sus padres, o sus hermanos detenidos desaparecidos. Otras, mestizas, se enfrentaron estoicamente al poder militar, reclamando a sus seres queridos. Recibieron amenazas, agresiones, intimidaciones, humillaciones y hasta el desprecio de una sociedad que miró para otro lado cuando asesinaron a cientos de personas y, no conforme con eso, las estigmatizó, señalándolas de mentirosas o de ser parte de los subversores del orden, de los comunistas o simplemente de quienes estaban inconformes con la dictadura.

Hay muchos ejemplos de mujeres luchadoras. Una de ellas, ícono de la lucha de las viudas indígenas, Rosalina Tuyuc, fundadora de Conavigua. Otra, Nineth Montenegro, una de las diputadas más reconocidas y respetadas en el Congreso. Y a esta legislatura por primera vez llegó una militante revolucionaria, Sandra Morán, quién participó activamente en el movimiento de mujeres y que dignamente se reivindica lesbiana y defensora de las mujeres.

Algunas de estos méritos expresamos en un Encuentro Regional de Mujeres en Colombia, convocado por 16 organizaciones, lideradas por la Organización Femenina Popular, un ejemplo de lucha y de consecuencia, con una metodología participativa, con una enorme base social y un enfoque que busca la dignificación de las mujeres a través de emprendimientos y que las acompaña en sus demandas y procesos.

Las mujeres colombianas están a la vanguardia de la defensa de sus territorios, de la vida, del agua y exigen con legitimidad y firmeza, el fin de la guerra y la implementación de los Acuerdos.

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