Once candidatos para las presidenciales francesas

Por Julio Feo

El Consejo Constitucional ha validado en Francia once candidatos a la elección presidencial, que han reunido  las 500 firmas requeridas de personalidades electas, un sistema de selección a mi juicio muy discutible.

Benoit Hamon (Partido Socialista), François Fillon (Los Republicanos ), Jean Luc Melenchon (La Francia insumisa), Marine Le Pen (Frente Nacional), Emanuel Macron (En marcha), Nicolás Dupont Aignan (Debout la France), François Asselineau (Union Popular Republicana), Jean Lasalle (Centriste), Jacques Cheminade (Solidaridad y Progreso), Natalie Arthaud (Lucha Obrera) y Philippe Poutou (Nuevo Partido Anticapitalista), son los once candidatos calificados.

La preselección de candidatos
He criticado a menudo desde esta tribuna lo que podríamos  calificar de “injerencia antidemocrática” de  ciertos medios informativos en la preselección de los candidatos a la elección presidencial,  con el apoyo y la presión de los sondeos de opinión, así como la farsa de las denominadas elecciones primarias en contradicción con el “espíritu” mismo de dicha elección presidencial, entre políticos que no respetan la palabra dada.

Pues bien, cerrada ya la lista de admisiones y validadas las candidaturas, quiero ahora insistir en el muy contestable modo de selección legal de dichos candidatos: los que han reunido 500 firmas de padrinos entre personalidades electas, a saber, diputados, senadores,  alcaldes, consejeros regionales o municipales, validando así su candidatura.

Es decir, es la propia clase política electa en diversas y anteriores  elecciones la que tiene el poder de determinar quien puede ser candidato o no a la presidencia de la Republica. En total hay 42 000 “electos” en Francia que pueden dar su aval a uno u otro candidato.

Este dispositivo destinado en su origen a evitar una multiplicación excesiva de candidaturas, fue concebido  cuando la derecha conservadora y los socialistas estaban seguros de disputarse el poder en la segunda vuelta. Los candidatos que no  representaban un peligro cara a la segunda ronda solían obtener las firmas de los 500 padrinos. Pero la amenaza de una dispersión de votos en esta elección 2017, y el espantapájaros del Frente Nacional, han acentuado el carácter antidemocrático de tal dispositivo.

Este anacrónico modo de selección conduce a contradicciones evidentes, y a presiones políticas, que no permiten una representación real del electorado.

Siendo pública la lista de padrinos, las presiones sobre los “electos” de uno u otro campo, hacen cada vez más difícil la obtención de  esas 500 firmas. La célebre frase atribuida a Voltaire, sobre  el respeto de la libertad de expresión de  sus adversarios, no es respetada aquí.

Enemigos o competidores no tienen interés alguno en favorecer ciertas candidaturas y las firmas son el resultado de sabias estrategias políticas. De tal manera que los candidatos, mal denominados “pequeños”, tienen escasas posibilidades de presentarse con ese dispositivo de bloqueo, en el que entran en juego evidentes cálculos políticos.

Se quedan así fuera de juego candidatos con propuestas interesantes como Pierre Larroutorou de Nouvelle Donne, Charlotte Marchandise, ganadora de una elección primaria ciudadana en la que participaron 30 000 electores, o Alexandre Jardin, candidato de la sociedad civil, mientras que aparece de la nada un candidato con suficientes relaciones políticas en su agenda  para haber obtenido 500 padrinos: el derechista: François Asselineau, soberanista anti Unión Europea, cuya candidatura, como la del también derechista Nicolás Dupont Aignan pueden quitar algunos votos a la extrema derecha de Marine Le Pen.

Con el mismo cálculo político los padrinos de esta elección toleran la presencia de  candidatos de la extrema izquierda extraparlamentaria, NPA y LO, que por cierto son sociológicamente representativos de un electorado muy presente en las luchas sociales.

En una elección presidencialista como esta, la legitimidad de un candidato a la presidencia debería a mi entender ser validada por los propios electores,  fijándose en cincuenta mil o cien mil firmas de electores, la barra de representatividad de todo candidato, lo que limitaría el exceso de candidaturas, pero permitiendo una verdadera igualdad y participación de candidatos  representativos de una franja importante del electorado, en condiciones de verdadera igualdad ante las urnas. Con la introducción evidentemente del escrutinio proporcional.

Para colmo, los grandes medios informativos incitan con sus comentarios a la gente a proyectarse directamente en el voto de la segunda vuelta, con los finalistas que apunten los sondeos.

Conclusión:  A este paso los candidatos a la presidencial los van a elegir los sondeos de opinión, que por cierto se muestran muy prudentes, dado que se equivocan a menudo.

Un encuentro y falso debate a cinco bandas en TF1
Este lunes la cadena de televisión TF1 ha organizado un debate televisado con los cinco candidatos favoritos de los sondeos de opinión, (Hamon, Fillon, Melenchon, Macron y Le Pen) pasando por encima de todo criterio de igualdad, y en espera de que la “campaña oficial” empiece el próximo 9 de abril, con escrupuloso reparto del tiempo de palabra en los medios informativos, en lo que será una parodia de breve igualdad hasta la fecha de la primera vuelta eliminatoria el 22 de abril. Después solo los dos  candidatos que lleguen en cabeza se disputarán la presidencia el 6 de mayo próximo y podrán debatir cara a cara.

El espectáculo de cinco candidatos que exponen fragmentos de sus programas en un tiempo de palabra limitado, sometiéndose a las preguntas de dos periodistas de television, me ha parecido la prueba flagrante de la limitación y de la negación de lo que debe ser a mi entender un debate político sobre las ideas de cada cual.

Numerosos temas sobrevolados superficialmente, o directamente ignorados como por ejemplo el  ámbito de la cultura, muestran que los organizadores prefieren el show político a un verdadero debate electoral. Todo eso en tres horas de emisión, que repartidas entre cinco, representan 30 minutos de intervención por candidato, de forma entrecortada y sobre temas diversos, con solo algunos amagos de debate a cinco bandas que terminaban en la cacofonía, la amalgama y la confusión.

¿Quien imagina una liga de futbol, en la que cinco equipos jueguen al mismo tiempo en el mismo estadio, todos contra todos, para mejor sembrar la confusión?  En el mundo del deporte los campeonatos se organizan jugando dos contra dos y con fases eliminatorias. Los políticos podrían inspirarse de ese modo de organización, para que los electores  puedan escuchar un debate claro entre dos candidatos, con la consiguiente y  profunda confrontación de sus ideas, en un tiempo de antena suficiente.

Pero la televisión nos promete todavía un espectáculo peor para el 4 y el 20 de abril con participación de los once candidatos en el mismo plató. El ejercicio esta vez será en efecto más democrático, pero por definición todavía más superficial. El zapping y el formateo de las intervenciones políticas en televisión son una lamentable deriva del “periodismo espectacular”, que conduce a la desinformación y contradice la esencia misma del oficio periodístico.

A mi entender, una verdadera campaña electoral debería hacerse durante tres meses, con prohibición de sondeos de opinión y respetando la igualdad  del tiempo de expresión de cada candidato. Sucesivos debates por dúos, en los que cada cual pueda debatir cara a cara con su adversario, sería también una  buena medida para permitir un verdadero intercambio y cotejo de ideas sobre sus programas electorales, y no espectáculos de telerrealidad política como son estos pseudo debates televisivos.

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